Un grupo de elefantes asistió al funeral de su cuidador

Curiosidades 31 de mayo de 2021 Por Editor
Ésta es la prueba de que el corazón de los elefantes debe ser de los más grandes del reino animal.

Los refugios de animales son una de las causas más nobles que existen en la actualidad, son estos templos los que recatan, cuidan, curan y se encargan de darle una vida digna a los animales que no pueden volver a sus lugares de origen, generalmente porque vivían en cautiverio para propósitos de entretenimiento o en condiciones desfavorables.

El trabajo en un refugio requiere de una entrega total por parte de todos los involucrados; desde conseguir el financiamiento para el espacio y mantenimiento hasta el mismo trabajo con los animales salvajes, son labores que nunca terminan, sin embargo, tan social como personalmente, el papel de los refugios en la sociedad es realmente gratificante, empezando por los animales rescatados.

Tal es el caso de Anthony Lawrence, un amante de los animales que decidió fundar un refugio de elefantes, literalmente dio toda su vida para rescatar y cuidar a los majestuosos y simpáticos paquidermos. En la década de los ochenta, Lawrence era empleado de una empresa de bienes raíces, pero, en 1990 decidió cambiar de giro radicalmente y perseguir su sueño personal; crear una reserva para ayudar a la conservación de los animales, así fue como fundó la Reserva de Caza Privada Thula Thula y Safari Lodge.


En el mismo año de la creación de Safari Lodge, una manada de elefantes huyó del parque nacional sudafricano para escapar de un grupo de cazadores, así que Lawrence se dispuso a rescatarlos y llevarlos a su reserva. El cuidado de estos animales no fue labor sencilla en un principio ya que estos elefantes eran salvajes, sin embargo, Lawrence fue constante con sus atenciones y estudiaba sus reacciones y comportamiento en todo momento, así, poco a poco fue adquiriendo más cercanía con Nana, la matriarca de la manada hasta tener una buena relación e incluso fue considerado como parte de la manada.

Los años pasaron y Lawrence fue especializándose en su altruista labor y fortaleciendo lazos con todos los habitantes de su refugio, a la par de que se fue involucrando en el activismo ambiental y escribir un libro inspirado en sus amigos, El susurrador de elefantes. Cuando Lawrence murió, 2 manadas de elefantes viajaron más de 12 horas para llegar a su casa y le rindieron luto fuera de ella por 2 días, después dieron la media vuelta y regresaron a su hogar. A pesar de que eran animales salvajes, sin ningún tipo de adiestramiento, este acontecimiento fue un acto simbólico de despedida, sin lugar a dudas. Algo que a Lawrence le hubiese encantado presenciar.

Lo maravilloso y misterioso de esta anécdota es que difícilmente se le puede notificar a un animal sobre un deceso humano, sobre todo si no fueron testigos de la muerte. Para explicar esta intriga, Leila Gal Berner, un rabino del área donde se encontraba la reserva explicó;

«Si alguna vez hubo un tiempo, cuando realmente podemos sentir la maravillosa interconexión de todos los seres, es cuando reflexionamos sobre los elefantes de Thula Thula. El corazón de un hombre se detiene, y los corazones de cientos de elefantes están afligidos. El corazón tan amoroso de este hombre se ofreció a curar a estos elefantes, y ahora vinieron a rendir homenaje amoroso a su amigo».

Ya sabíamos que la inteligencia de los elefantes es realmente prodigiosa, pero, con anécdotas como la anterior podemos notar que además tienen un gran corazón y que en realidad todos estamos conectados, solo falta ser más sensibles con la naturaleza.

En portada: Nilesh Shan, 2018 National Geographic Photo Contest. Fuente: Cultura Colectiva. Autor: Abril Palomino

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