
¿Es peor ser ateo que satánico? La estatua de Lucifer que lo demuestra
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En noviembre de 2012, los congresistas de Oklahoma se encontraron a la entrada del Capitolio del estado una estatua de unos dos metros de las tablas de la ley. El monumento fue financiado por Mike Ritze, un diputado republicano que pagó 10.000 dólares de su bolsillo para erigir la estatua. No fue sencillo. Para hacerlo tuvo que promover un proyecto de ley, que salió adelante en 2009, que aprobaba la exposición de símbolos en espacios de la administración pública. Pero el tiro podría salirle por la culata.
Aunque el monumento a los Diez Mandamientos fue pagado con dinero privado, numerosas organizaciones que defienden la estricta separación de Iglesia y Estado pusieron el grito en el cielo, pues está en la mismísima entrada del parlamento estatal. Tras su colocación, en agosto de 2013, una organización sin ánimo de lucro, la American Civil Liberties Union (ACLU), puso una denuncia en la corte del estado alegando que la estatua era inconstitucional. Pero hay quien ha decidido ir más allá.
Si el capitolio de Oklahoma tiene un monumento a una fe, tiene que dejar que el resto de confesiones tengan los suyos
El pasado diciembre una organización religiosa, con base en Nueva York, que responde al nombre de The Satanic Temple, anunció su intención de construir un monumento a Satán justo al lado del monumento a los Diez Mandamientos. La estatua, un pie más alta que la de las tablas de la ley, muestra a Bafometo –un ídolo pagano, con cabeza de cabra, cuyo culto se atribuye a los templarios–, sentado en un trono bajo un pentágono, con dos niños a su regazo. La estatua tiene, además, un espacio para que los menores puedan subirse a las rodillas de la diabólica deidad.
En un comunicado, el portavoz de la organización satanista, Lucien Greaves, explicaba que la Constitución estadounidense es clara al respecto: el gobierno no puede apoyar a una religión particular. Así que, si el capitolio de Oklahoma tiene un monumento a una fe, tiene que dejar que el resto de confesiones tengan los suyos. “Ellos dicen que quieren que el espacio se abra a diferentes monumentos”, apunta Greaves, “y parece que es el lugar perfecto para comprobar si es verdad”.
Los satanistas no son los únicos que han planeado plantar una estatua junto a los Diez Mandamientos. Un grupo llamado The Universal Society of Hinduism ha anunciado su intención de erigir una estatua en honor a Lord Hanuman, una popular deidad hindú con cabeza de mono. Pero The Satanic Temple tiene el proceso muy avanzado: han logrado recaudar los 20.000 dólares que solicitaron a través de crowdfunding para financiar el monumento.
Mejor satanistas de verdad que ateos
En 1966 Anton Szandor Lavey, conocido como el Papa Negro, fundó la Iglesia de Satán, el primer culto moderno al diablo y punto de partida del satanismo actual. La organización está reconocida legalmente en Estados Unidos y en muchos otros países, aunque la mayoría de sus divisiones (incluida la española) han evolucionado a lo que se conoce como satanismo ateísta: sus miembros no rinden culto a ninguna divinidad. Para ellos Satanás es sólo “un símbolo y una forma de autosugestión para alcanzar el éxito y la felicidad, a través de la autodeterminación, la superación individual y el librepensamiento” (tal como explica, al menos, la Iglesia de Satán en España).
El grupo promotor de la estatua pertenece a esta corriente atea del satanismo, y no guarda relación con la Iglesia de Satán, cuyo portavoz se ha pronunciado en contra de levantar la estatua en suelo público. Y su condición atea es, precisamente, lo que provoca mayor polémica en EEUU: Si son ateos, ¿tienen derecho a construir un monumento cuyo único objetivo es fastidiar?
En esta línea se ha pronunciado Ritze, el republicano que levantó las tablas de la ley que originaron la polémica: “Lo que les descalifica no tiene nada que ver con Satán en sí, sino con que éste no tiene ninguna significación histórica en el estado de Oklahoma”.
¿Quién está detrás del templo satánico?
El periodista de The Atlantic Gideon Resnick trató de acercarse a The Satanic Temple y, de hecho, se afilió a la organización: no tuvo que beber sangre de virgen ni vender su alma, le bastó con pagar 25 dólares por PayPal para recibir su carnet de “afiliado”, y convertirse así en uno de los 20 acólitos del templo.
Tras varios intentos, Resnick logró conocer al portavoz de la organización, Lucien Greaves, cuyo nombre real es Douglas Mesner: un activista ateo, miembro del Comité para la Investigación Escéptica. No tiene nada de líder religioso.
Vamos a empezar la construcción de todas formas. Estamos hablando con los escultores y la perspectiva es prometedora
Mesner se niega a separar la política de la religión, aunque esta sea la causa misma de la campaña que están llevando a cabo en Oklahoma: “Decir que tu religión está completamente separada de tus políticas es una estupidez. Para mí, no hay forma de separar las dos, y creo que dada la forma en que funciona nuestra filosofía se vinculan aún más. Nuestras acciones políticas son nuestra religión”.
Aunque Mesner espera que su propuesta fortalezca la demanda de la ACLU, que busca que la estatua de los Diez Mandamientos sea declarada institucional y acabaría también con su proyecto, está dispuesto a seguir adelante hasta el final.
De momento, el capitolio de Oklahoma ha paralizado la ejecución de todos los monumentos que se han presentado, hasta que la demanda de la asociación pro derechos civiles sea resuelta, pero el templo satanista no piensa pisar el freno: “Vamos a empezar la construcción de todas formas. Estamos hablando con los escultores y la perspectiva es prometedora. Si al final no la podemos poner en Oklahoma la pondremos en el próximo sitio [donde se plantee una situación similar]. Esto puede continuar durante bastante tiempo”.
El confidencial


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