
Caminar para que otros lleguen: el reto solidario de un joven francés por la educación
EditorEn tiempos donde el esfuerzo suele medirse en resultados inmediatos, la historia de Mathis Vérité, un estudiante francés de 18 años, recuerda que el compromiso verdadero se construye paso a paso.

Desde finales de enero, Mathis decidió recorrer a pie los aproximadamente 32 kilómetros diarios que separan su casa en Troarn del instituto Notre-Dame-de-la-Fidélité, ubicado en Caen. El trayecto completo —ida y vuelta— le demanda más de seis horas por día.
Pero no se trata solo de una prueba física.
Un desafío con propósito
La iniciativa, bautizada “480 km para aprender”, nació de una reflexión personal. Mathis quiso experimentar en carne propia lo que significa recorrer largas distancias para poder acceder a la educación, una realidad que enfrentan miles de estudiantes en distintas partes del mundo.
Su caminata diaria comenzó alrededor de las 3:30 de la mañana. Equipado con ropa reflectante, mochila y zapatillas adecuadas para soportar el invierno normando, avanzó bajo frío, lluvia y oscuridad. Lo que parecía una experiencia individual se transformó rápidamente en una causa colectiva.
El objetivo: recaudar fondos para financiar bicicletas destinadas a estudiantes que viven lejos de sus escuelas y deben caminar durante horas para asistir a clases.
Una respuesta que superó expectativas
La meta inicial era reunir 1.300 euros. Sin embargo, la campaña logró superar ampliamente esa cifra. En pocos días, la recaudación alcanzó más de 20.000 euros, equivalentes a más de 370 mil pesos mexicanos según consignaron medios internacionales.
Cada bicicleta tiene un costo aproximado de 130 euros, lo que permitirá beneficiar a decenas de jóvenes.
Más allá del esfuerzo físico
Mathis reconoció que el desafío resultó más exigente de lo que imaginaba, tanto física como mentalmente. Sin embargo, su experiencia puso en evidencia una cuestión estructural: el acceso a la educación no es igual para todos.
Mientras en muchos contextos el traslado escolar puede ser una incomodidad, en otros representa una barrera real.
El gesto de este estudiante francés no cambia por sí solo esa desigualdad, pero sí logra algo igual de relevante: visibilizarla y movilizar a otros. Y en tiempos donde abundan las críticas y escasean las acciones, ese ya es un paso significativo.
Porque, como demuestra su historia, a veces caminar es la forma más directa de abrir camino.




Con 23 años y en tiempo récord: la historia de Mónica Ortiz, la jueza más joven de España

“Neorrurales”: por qué tantos jóvenes españoles están dejando las ciudades y reinventando su vida en el campo

Con solo 17 años, creó una máquina de diálisis portátil que podría cambiar el acceso a la salud


Kevin Tang (14 años), el científico más joven del año que desarrolló un sistema para detectar caídas en adultos mayores


Caminar para que otros lleguen: el reto solidario de un joven francés por la educación

Lucía Lomba: La científica gallega que desafía al cáncer de pulmón desde el corazón de la investigación española



