La muerte de Alejandro Magno, el mayor conquistador de la historia

Curiosidades 27 de enero de 2022 Por Editor
El 13 de junio de 323 a.C. (algunas fuentes apuntan el 10) murió a los 33 años Alejandro Magno, el conquistador más famoso de la historia. La vida del monarca macedonio fue una sucesión de batallas y logros como la conquista del Imperio persa, el más grande que el mundo hubiera conocido. Pero su legado no le sobrevivió

Alejandro Magno murió en Babilonia quizá de fiebres tifoideas, aunque también se ha sugerido que pudo morir envenenado por sus comandantes.

"Busca, hijo mío, un reino igual a ti, porque en Macedonia no cabes". Con estas palabras se dirigió el rey Filipo II de Macedonia a su hijo Alejandro cuando éste apenas tenía 17 años. Hasta el día de su muerte, el 13 de junio (algunas fuentes dicen que el 10) de 323 a.C., el legado de Alejandro Magno, el soberano que venció a los persas y extendió su imperio hasta la India, inspiraría a grandes generales de la historia como Julio César o Napoleón Bonaparte.

Hijo de Filipo II de Macedonia y de la princesa Olimpia, miembro de la familia real de Epiro, Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno, nació en agosto del año 356 a.C. Escogido por su padre como futuro heredero, fue educado como tal desde su nacimiento y su formación intelectual se encomendó a Aristóteles. El filósofo despertó en el joven una gran admiración por la cultura griega y por las antiguas epopeyas, particularmente por La Ilíada de Homero, que se convirtió en su libro de cabecera. Su formación militar corrió a cargo de Clito, un militar que fue asesinado por el propio Alejandro cuando, años después, en un banquete en Samarcanda, aquel le echase en cara que se comparara con los dioses y su creciente "orientalización".

LA CONQUISTA DE PERSIA
Durante los primeros años de reinado, Alejandro aumentó la presión sobre los Estados griegos sometidos a Macedonia que, aprovechando la muerte de Filipo, se habían rebelado. Una vez logrado el control de la Hélade, y para seguir las políticas de expansión que ya había iniciado su padre, en el año 334 a.C, Alejandro lanzó a su ejército, de apenas 40.000 hombres, contra el poderoso Imperio persa. A pesar de la superioridad numérica del ejercito del rey Darío III, Alejandro lo derrotó en las batallas del Gránico e Issos (333 a.C.), Gaugamela (331 a.C.) y la batalla de la Puerta Persa (330 a.C.).

A finales de 334 a.C., Alejandro decidió pasar el invierno en Gordion, la antigua capital de Frigia (Asia Menor). Allí se encontraba un famoso carro real, sujeto a un nudo muy complicado de deshacer. Según el oráculo de Gordion, "quien supiera deshacerlo conquistaría Asia". Algunas fuentes indican que Alejandro desató el nudo pacientemente, y otras afirman que lo cortó con su espada. Esa misma noche estalló una tormenta eléctrica que simbolizó, según Alejandro, que Zeus aprobaba sus planes de conquista.

A su paso por Egipto, Alejandro fue recibido como un héroe tras sus victorias contra los persas. Durante su estancia en el país del Nilo, inició la construcción de varios templos y mostró su veneración a los dioses locales. En Menfis, ante el fervor del pueblo, que lo veía como un libertador, el monarca macedonio fue nombrado faraón de Egipto. Durante su estancia en el oasis de Siwa, sede del célebre oráculo del dios Amón, Alejandro consultó a la divinidad para que le confirmara su origen divino y ratificara que era hijo de Zeus, identificado en esa remota región con el dios egipcio Amón.

Fuente: NATGEO

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