El truco publicitario detrás de los filtros de cigarrillo: el fraude colectivo más letal de la historia

Curiosidades 16 de mayo de 2021 Por Editor
Se cree que los nativos americanos han mascado tabaco por milenios, aunque no existen registros documentales de la existencia de la planta antes del siglo 15.

El origen de la adicción global al tabaco comenzó cuando los colonizadores observaron a los indios taíno arawacos masticar unas hojas verde intenso mezcladas con conchas trituradas de los abundantes moluscos en las islas del norte de Suramérica. Precisamente su nombre occidental fue tomado de la isla de Tobago, ubicada a unos 12 kilómetros de la costa de Venezuela.

El tabaco es una planta anual de la familia de la berenjena que comenzó a ser domesticada en Mesoamérica y el Caribe entre el 6.000 y 8.000 a. de C. y para 1492 era sagrada, con un importante significado ceremonial, medicinal y religioso. Los científicos no creen que era un producto usado de manera recreativa por toda la tribu. Por el contrario, su consumo era limitado y reservado para algunos miembros de la comunidad.

La tripulación de Colón llevó muestras de aquella planta con propiedades especiales a Europa y para el siglo 16 ya era comercializada como un estimulante junto a la azúcar proveniente de Asia.

Pero la globalización cambió el uso original que dado por los civilizaciones americanas, al igual que otras sustancias como la hoja de coca, que luego se convertiría en la dañina cocaína. Como todas las plantas psicoactivas que causan rápidos efectos fisiológicostras el consumo, las propiedades tóxicas de la nicotina contribuyeron a su expansión por todos los continentes.


Para el siglo 19, los europeos había diversificado la comercialización del tabaco y se consumía envuelto en papel, en pipas y se aspiraba. Pero ya no era el tabaco recolectado por los sabios entre la variada vegetación americana, sino especies cultivadas comercialmente y consumidas sin un contexto ritual que han traído devastadoras consecuencias para la salud mundial.

Un engaño sofisticado
El consumo masivo del tabaco no ocurrió sino hasta comienzos del siglo XX, poco después de la invención de la máquina de enrollar cigarrillos. Se creen que en 1900, un adulto estadounidense fumaba unos 54 cigarrillos al año, mientras que la cifra se catapultó a unos 4.000 para la década de 1960.

Otras regiones fueron más lentas en introducir los cigarrillos enrollados pero eso no frenó el aumento en el consumo del tabaco. En Nueva Zelandia, el uso del tabaco subió de 900 gramos al año por persona en 1890 a casi 1,4 kilos anuales en 1900, aunque la distribución masiva de los cigarrillos listos para fumar se tardó hasta 1955.

Hasta ese momento los filtros no eran un problema. Las llamadas colillas nacieron como un truco publicitario para atraer a los temerosos al prometer que ese taco de papel crepé comprimido junto a bolitas de algodón atraparía los irritantes nocivos para la garganta. Las colillas también nacieron para ofrecer comodidad ya que el pedazo de corcho colocado en un extremo evitaba que el papel mojado se pegara en los labios.

Pero los expertos sanitarios han comprobado que la promesa de protección de las colillas es engañosa y peligrosa para el ambiente. En 2020 se calcula que los fumadores compran 6,5 billones de cigarrillos anuales, o unos 18.000 millones diarios. Y mientras la mayoría del contenido se desintegra con la llama, billones de filtros permanecen intactos y apenas un tercio son descartados adecuadamente en los basureros. El resto termina de una manera u otra en el ambiente, cuando los consumidores los lanzan descuidadamente en cualquier parte.

El historiador estadounidense Robert Proctor llamó a las colillas el fraude más letal de la historia de la humanidad.

La mentira letal
Los primeros filtros eran cabos crudos diseñados para sostener la hoja del tabaco. Pero en 1902 comenzó a tomar fuerza la gran mentira cuando se introdujo la primera patente de un filtro de cigarrillo en Gran Bretaña.


Los filtros Du Maunier era producidos por la subsidiaria canadiense de la poderosa British American Tobacco y fueron llamados por el entonces popular actor Sir Gerald du Maunier. La atractiva frase de "fumar humo limpio" era divulgada en los medios a mediados de los años 30 con la promesa de resguardar la salud física mientras evitaba las manchas en los labios.

Insistían que los Du Maunier no debían ser confundidos con los simples cabos de algodón. El aclamado mayor avance en la industria del cigarrillo en 4 décadas consistía en tres capas de papel vegetal y dos capas de fibra de celulosa que preservaría desde tu voz hasta tu agilidad en un juego de tenis.

Para ese momento, las tabacaleras habían tomado nota de que los científicos habían comenzado a considerar los cigarrillos como un riesgo de salud pública. Y en 1957, las autoridades sanitarias estadounidenses declararon oficialmente una vinculación causal entre fumar y el cáncer de pulmón.

En 1964, la oficina del Cirujano General divulgó un informe exhaustivo que advertía que "los fumadores tenían una tasa de mortalidad 70% mayor que los no fumadores".

La solución de las tabacaleras para calmar la angustia colectiva se concentró en profundizar el engaño al prometer mejoras sustanciales en los filtros.

Gigantes como Phillips Morris contrataron a los mejores químicos de la Dupont y Dow Chemical para diseñar un filtro que lograra contener las partículas más nocivas de la nicotina y el alquitrán. Pero fracasaron. Luego de probar con infinidad de materiales se decantaron por los cabos de un polímero llamado acetato de celulosa que todavía se usa en la actualidad.

Y lo peor es que los filtros no solo no protegieron sino que colaboraron a que un mayor número de personas adquirieran el nocivo hábito con la falsa creencia de que las colillas reducían los riesgos de los efectos dañino de los cigarrillos.

Los científicos han demostrado que el filtro ha contribuido al aumento de los adenocarcinomas de pulmón porque los fumadores intentan compensar las menores dosis de nicotina al inhalar más profundamente en las caladas.

Los investigadores también notaron que algunas fibras de los filtros de plástico entraban en el sistema respiratorio de los fumadores y pidieron secreta e infructuosamente a las tabacaleras que cesaran su fabricación.

El veto a los filtros
Janet Hoek, profesora de salud pública la universidad neozelandesa de Otago, considera que los filtros de cigarrillos deben ser prohibidos por ser un engaño masivo al consumidor.

"La gente cree que los filtros reducen los riesgos de fumar y simplemente no es cierto. Cuando las tabacaleras se dieron cuenta que no podían reducir el riesgo que enfrentan los fumadores entonces se concentraron en crear la ilusión de que estaban haciendo algo al respecto", advirtió Hoek.

Y citó a Proctor, el historiador de la Universidad de Stanford que le siguió la pista a las colillas y las llamó "el fraude más letal en la historia de la civilización. Básicamente las colocan en los cigarrillos para engañar a la gente".

Todas las investigaciones hasta el 2000 comprobaron que los filtros hacían muy poco para proteger a los fumadores. En 2010, científicos japoneses y estadounidenses determinaronque la única diferencia es el tipo de cáncer de pulmón más frecuente pasó de ser el carcinoma de células escamosas al adenocarcinoma.

El otro gran efecto dañino de los filtros no ocurre dentro del organismo sino en la naturaleza. Académicos neozelandeses han determinado que el 84 por ciento de cada 112 cigarrillos consumidos terminan en las cañerías, el pavimento o en la vegetación.

Y como se tardan años en biodegradar, al caer en los desagües o mejorarse con el agua de la lluvia van soltando químicos tóxicos como el arsénico y metales pesados al mojarse, amenazando la flora y la fauna.

Un estudio del 2011 encontró en una colilla de cigarrillo usada colocada de un litro de agua tiene suficientes toxinas para matar a un pez.

Una necropsia realizada a una tortuga marina en las Islas Cook reveló que tenía el estómago repleto con 400 colillas de cigarrillo.

Los cigarrillos son la causa de muerte de unas seis millones de personas anuales y las colillas se han convertido en una de las principales fuentes de contaminación oceánica.

Es tan solo una muestra de los efectos dañinos de la trasformación irresponsable de la naturaleza. ¿Acaso aún estamos a tiempo de revertir los 500 años de explotación y uso abusivo del tabaco para salvar vidas y revertir los daños al planeta?

Fuentes: National Geographic, Stuff, Medium

Editor

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