
Cómo vive la mujer que ve 100 millones de colores
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Concetta Antico se convirtió en artista por una habilidad que creía común al resto de los mortales. Cuando era chica, con apenas 7 años, se sentía “obligada” a pintar lo que veía. Y lo que veía eran colores, millones, vívidos y diferentes, en la naturaleza que la rodeaba. Salía afuera, al aire libre, y retrataba los paisajes a su alrededor. Según dice, estaba cautiva de esa belleza.
No fue hasta once años atrás, en 2012, cuando se dio cuenta de que su talento, en realidad, era excepcional. Un día le mostró a sus alumnos sus trabajos, en especial aquellos que retrataban la naturaleza, y sus estudiantes no llegaban a identificar todos los colores que la profesora aseguraba plasmar.
Ese día no le dio tanta importancia. Pero al poco tiempo su hija llegó a casa de la escuela y le dijo que no podía ver el naranja. Descubrieron que era daltónica y Antico ató cabos. Había leído un paper sobre una condición especial de la vista llamada tetracromatismo, que sugería que los hijos de los tetracrómatas tenían mayor posibilidad de ser daltónicos.
Ese día sí tomó cartas en el asunto. Buscó el contacto de la doctora Kimberly Jameson, profesora de la Universidad de California y autora del paper. En solo 24 horas ya estaba enviando una muestra de saliva a Estados Unidos, donde le confirmaron que tenía la mutación genética vinculada al tetracromatismo. En otras palabras, le confirmaron que podía ver unos 100 millones de colores, cuando lo normal es solo distinguir alrededor de un millón.
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“Es por esta habilidad que me convertí en artista”, repitió Antico en una entrevista con Infobae. “La pintura al óleo me proporciona la paleta de colores definitiva y puedo pintar lo que veo. Me emociona producir lo que observo porque es una forma de capturar el mundo de una manera que durará para siempre. Una flor no durará para siempre, pero su belleza sí lo hará cuando la pinte”.
-Puntualmente, cuando mira una flor, una rosa por ejemplo, ¿qué colores identifica?
-Mira, voy a hablar específicamente de mi rosa favorita, la Sterling Silver. Es un lila violeta polvoriento, rosado y lo que me encanta es que veo tintes de azul violeta, rosa violeta, verde pálido, rosa hongo y muchos colores más. Aparte de su hermoso olor tiene cientos de colores enterrados en los pliegues de sus pétalos, que son más claros y más oscuros en diferentes tonalidades. Para ponerlo en perspectiva, veo muchos tonos diferentes de violeta, lavanda, dorado, beige y toques de gris.
-¿Tiene algún color favorito?
-Sí, mi color favorito es el verde. Por lo que entiendo después de hablar con mucha gente, la mayoría ve algunos verdes, pero el verde para un artista -o para un tetracrómata- son millones de verdes. Veo 100 millones de colores que considero verdes. Lo que le diría a la gente es que no se limiten a ver el color verde, sino que miren de cerca y traten de encontrar las sutiles variedades que hay en ese color.
Qué es el tetracromatismo
Antico, al igual que el resto de los tetracrómatas, tiene un cuarto receptor de color en su retina, cuando lo habitual es solo disponer de tres de ellos. Tiene cuatro conos que son sensibles a la luz. Esa ventaja le permite distinguir 100 millones de colores, una infinidad de tonalidades que el ojo humano estándar no percibe.
La mayoría de las personas pertenecen al grupo de los tricromáticos. Tienen 3 conos que se encuentran dentro de la retina, la capa de tejido delgado en la parte posterior del globo ocular. Dentro del tricromatismo, existen los conos de onda corta (sensibles a colores como el morado y el azul), de onda media (que detectan el amarillo y el verde) y de onda larga (que perciben, por ejemplo, el rojo y el naranja).
Pero los tetracromáticos tienen un cuarto tipo de cono que alberga un fotopigmento capaz de percibir más colores que escapan del espectro convencional; el espectro conocido como ROY G. BIV por sus siglas en inglés (Rojo, Naranja, Amarillo, Verde, Azul, Índigo y Violeta). Los mismos colores que se encuentran en el arco iris.
Según explica la doctora Jay Neitz, profesora de oftalmología de la Universidad de Washington, que se dedicó a estudiar esta “supervisión”, la presencia del fotopigmento adicional permite que un tetracromático vea más detalles o variedad dentro del espectro convencional.
La tetracromacia es poco recurrente entre los seres humanos, aunque son las mujeres quienes tienen más posibilidades de nacer con ella. Se calcula que cerca del 15% de las mujeres tiene el gen que habilita al tetracromatismo. Es decir que les permitiría ver más de 100 millones de colores.
Lo que sucede es que con el gen solo no alcanza. Es condición necesaria pero no suficiente. En el caso de Concetta Antico, la doctora Jameson que fue quien la diagnosticó, cree que pudo desarrollar su potencial gracias a que desde los 7 años pinta los colores que observa. “Así es como funciona la genética: te da el potencial de hacer cosas y si el entorno te exige, entonces los genes entran en acción”, puntualizó.
Vivir con una supervisión
Ya desde su niñez en Sidney, Australia, Antico se sentía diferente. Su relación con el color comenzó de pequeña. Se teñía el pelo de color flúor y decoraba su cuarto con distintos tonos de verde, desde el esmeralda hasta el lima. Le fascinaba la naturaleza. Tanto que era habitual que se ausentara un día completo para ir a apreciar el paisaje -y pintarlo- en el campo de golf que estaba cerca de su casa.
No cabían dudas de que seguiría ligada al arte. Una vez que terminó el colegio, eligió bellas artes. Después de estudiar diferentes épocas, se sintió especialmente atraída por el impresionismo debido a “su uso dramático de la luz y el color”, que es lo más cercano a lo que puede ver. Empezó a usar y reproducir sus métodos y estilo para generar su propia obra, que la cataloga dentro del impresionismo contemporáneo.
Cuando se recibió en la universidad, Antico se mudó a los Estados Unidos, donde se convirtió en artista y profesora de arte en San Diego. Allí forjó su estilo y le dio forma a una obra en la que prima el color y su sinfín de variantes, en paisajes, en flora y fauna. Allí también recibió el apodo de “Reina del color”.
-¿Cómo describiría vivir con tetracromatismo?
-Puede ser agitado. Este filtro que tengo es muy cautivador, pero también puede resultar complicado. Mi visión me conmueve de diferentes maneras. Por ejemplo, necesito que todo esté demasiado limpio porque veo cada partícula de polvo, pero también puede ser muy motivador ya que me hace muy feliz ver el mundo como lo veo. Mi experiencia es muy hiperactiva, divertida y con colores bonitos. Definitivamente mi condición gobierna y dicta mi vida. No me gusta ver colores duros porque me siento abrumada. Me gustan los tonos más sutiles que se encuentran en la naturaleza, la tierra y las flores. Eso me relaja.
-Entonces puede ser una molestia a veces...
-Bueno, todo es muy específico. Me doy cuenta cuando la ropa de alguien no combina bien o puedo saber cuando alguien no se encuentra bien de salud. Especialmente en el caso de las personas mayores, puedo decir por la paleta de su piel que están enfermos y eso a veces resulta desagradable. Desde el momento en que abro los ojos hasta el momento en que los cierro, el color me dicta y gobierna mi vida, mis pensamientos y cómo reacciono ante ciertas cosas.
-¿Cómo es criar a una hija con daltonismo cuando usted está en el extremo opuesto en su capacidad para distinguir colores?
-Su padre es daltónico al rojo y al verde, así que he estado viviendo con eso de todos modos. Pero mi primera reacción fue muy positiva. No quería que ella se sintiera diferente en absoluto y pensara que esto iba a cambiar su experiencia del mundo o del arte. Traté de ignorarlo y le dije que todos ven el mundo de manera diferente y que ella es como todos los demás. Aún hoy le enseño a pintar. La entreno para que sepa lo especial que es y para asegurarme de que comprenda que su visión del mundo, y la de cualquier persona que tenga tetracromatismo como yo, es única y sigue siendo hermosa.
Infobae
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