“Cuando el cerebro tiene las necesidades básicas cubiertas, se siente perdido”, afirma neurocientífico

Curiosidades 18 de noviembre de 2021 Por Editor
Entrevista al neurocientífico Jonathan Benito, autor del libro 'Redefine imposible' En él, el autor explica cómo podemos aumentar nuestras posibilidades de éxito desde el punto de vista del funcionamiento del cerebro

Cuenta el neurocientífico Jonathan Benito que, además de dedicar muchísimas horas a investigar sobre el funcionamiento del cerebro, desde siempre ha sentido la necesidad de explicar a la gente qué es la neurociencia y qué puede aportarnos en nuestro día a día…



Pero lo cierto es que, sacar la neurociencia de los laboratorios, aterrizarla en las vidas de las personas, no es tarea sencilla. Benito asume su parte de responsabilidad: “La culpa es nuestra -reconoce, porque al final, los científicos vamos a publicar en nuestras revistas, vamos a congresos con nuestros compañeros y, muchas veces, nos olvidamos de la gente que paga nuestras investigaciones. Nuestras investigaciones las paga la sociedad. ¿Cómo no vamos a revertirles a ellos ese conocimiento?”

No se extraña en absoluto cuando algunas personas le preguntan, por ejemplo, si las neurociencias pueden sustituir a la psiquiatría o a la psicología... “es que la gente no entiende muy bien”, insiste. Preguntas como esa han surgido sobre todo desde la publicación de su último libro, Redefine imposible (Planeta 2021) En él, el neurocientífico nos habla de cómo mejorar nuestra calidad de vida, de cómo aumentar nuestras posibilidades de éxito y de cómo conseguir nuestros objetivos, pero siempre desde el punto de vista del funcionamiento del cerebro.


La neurociencia empieza tímidamente a poner sustrato a algunas de las cosas que, por ejemplo, la psicología estudiaba desde el punto de vista del resultado final, de lo que se podía observar, es decir, de las conductas: antes, esa era casi la única manera de entender al ser humano.

Ahora, algunos de los grandes descubrimientos de la neurociencia, como la neuroplasticidad o la neurogénesis, además de todo lo que aportan de cara a explicar algunas enfermedades, nos vienen a decir que no hay excusas, que casi todas las personas tenemos dentro de nosotras el potencial para transformar nuestras vidas.
Pregunta: Estos conocimientos sobre el cerebro están teniendo un gran impacto en el ámbito del desarrollo personal. En tu libro, Redefine imposible, rescatas algunas de las herramientas clásicas de coaching, como la rueda de la vida, y les da ese soporte científico.

Respuesta: Yo soy muy pragmático de la vida, tal vez demasiado… e intento que los libros que escribo sean lo más pragmáticos posibles, es decir, que aporten mucho a la gente (...) Intento que sea lo más aplicado posible y voy cogiendo herramientas, por ejemplo, la rueda de la vida, que no es una herramienta de neurociencia, es de coaching, pero que me parece estupenda. Me parece que es como crear un mapa para que tú partas de una zona y te vayas construyendo a ti mismo. Me parece que la rueda de la vida es la mejor forma de hacerlo, no conozco una mejor, la verdad. He ido cogiendo un poco de aquí y un poco de allá.

P: No es el primer libro que escribes sobre desarrollo personal. ¿Cómo llegaste a este ámbito desde la neurociencia?, ¿qué te hizo salir del laboratorio e intentar ayudar a las personas a sacar su potencial mediante el uso de la neurociencia?

R: Por circunstancias de la vida, escribí un libro sobre gestión del tiempo. Toda la vida dedicado a la neurociencia…yo escribía algunas novelas…y siempre me preguntaba la gente cómo hacía tantas cosas. Y yo se lo contaba. Y un día dije: “pues mira, lo voy a escribir en un libro y así se queda”….Y cosas de la vida el libro fue top uno en Amazon a nivel mundial en habla hispana y me empezaron a llamar de sitios para hablar de gestión del tiempo más que de mi target, de neurociencia…

P: Eso te hizo entrar en contacto directo con las personas. Entiendo que, tal vez, desde ahí, pudiste ver la necesidad que tenemos de comprendernos a nosotros mismos y lo que la neurociencia podía aportar.

R: Por ejemplo, en un curso de estos, estábamos con los CEOs de una consultora de las gordas del mundo y había una persona de cincuenta y tantos años. Estábamos hablando de proyectos y les decía que si habían reflexionado sobre el proyecto de la vida: que si habían reflexionado sobre si habían llegado a donde habían llegado porque lo habían reflexionado o porque la vida les había llevado ahí. Total, que no habían reflexionado ninguno…y a mí eso me sorprendió mucho. Sacamos la rueda de la vida e hicimos la rueda de la vida y me sorprendió mucho cómo una persona de cincuenta y tantos años, un socio de una consultora, con todo el dinero del mundo, se echó a llorar como un niño pequeño porque había descuidado su salud y su familia no le hablaba…La parte económica y laboral estaba muy bien desarrollada, pero lo demás era una pena.

P: Es curioso, porque los seres humanos del siglo XXI tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas, sin embargo, vemos que hay mucho sufrimiento en nuestra sociedad. Me gusta cómo en tu libro rescatas la famosa pirámide de las necesidades básicas de Maslow y le das ese enfoque tan neurocientífico…

R: Maslow me parece muy acertado e hila muy bien las necesidades básicas del cerebro con las del hombre. Porque es que al final somos animales, creo que lo digo en el libro: podemos sacar al hombre de la selva, pero no podemos sacar la selva del hombre. Nosotros, nuestro cerebro, surgió en un contexto muy diferente al de ahora, muy primitivo, donde había una carestía de alimento muy grande. Entonces, el cerebro se centra en comer, en sobrevivir…Pero claro, hoy en día no tenemos enemigos que nos están esperando detrás de la esquina para comernos. Pero el cerebro, sigue muy centrado en eso: en la supervivencia y en la reproducción. Cuando eso ya lo tiene cubierto, cuando el cerebro tiene las necesidades básicas cubiertas…pues el cerebro se siente perdido.

P: Echo la mirada atrás y veo que a mí no me educaron para tener un propósito de trascendencia en la vida, que según Maslow sería la siguiente necesidad que tendría que tratar de cubrir para sentir ese bienestar. Normal que la gente esté como perdida…no sabemos cómo hacerlo.

R: Es que nuestro cerebro no está diseñado para cosas sofisticadas de autorrealización. Esas hay que introducírselas; si no se las introduces, se pierde. Y, además, un cerebro ocioso, es un cerebro negativo. Cuando uno tiene tiempo para pensar sin un propósito de vida, sin un objetivo, se vuelve negativo y todo son problemas…

P: ¿Crees que por eso hoy día triunfan prácticas como el mindfulness? También hablas de eso en tu libro y le das ese soporte científico…

R: Creo que esto no lo digo en el libro, pero hace poco se descubrió este sistema por defecto del cerebro, que está funcionando siempre del pasado al futuro y del futuro al pasado y es verdad que no se calla nunca, que está siempre activado. Y claro, el mindfulness es de las pocas herramientas que uno tiene para parar el cerebro. El mindfulness es la única forma. Lo bueno que se descubrió es que no solo se para ese sistema por defecto mientras se está meditando, sino que cuando lo estás entrenado, durante más horas al día estás en modo ‘no defecto’, es decir, viviendo el presente… y solo desde ese punto es desde donde puedes empezar a ver otras cosas.

P: Prueba de que las personas estamos muy faltas de herramientas para gestionar nuestras vidas es que cada vez se publican más libros de desarrollo personal y la gente los compra y los lee… ¿qué dirías que tiene tu libro de diferente?

R: Yo creo que es la primera vez que se toma como punto de inicio la neurogénesis…porque el hecho de que existe la neurogénesis en adultos se cerró hace poco tiempo (…)  Se cerró esa conversación que, como te imaginas, era un debate feroz entre los neurocientíficos. Oye, pues resulta que sí que hay neurogénesis. Incluso hasta los 87 años -que es el cerebro más viejo que estudiaron- hay incorporación de nuevas neuronas…¡además muchas! Esto fue brutal (…) Hay un montón de herramientas que son relativamente fáciles de llevar a cabo que efectivamente aumentan la neurogénesis… Y eso claro te pone en otro plano.

P: Las neurociencias nos está demostrando que las personas podemos cambiar. Pero la ciencia también habla de que hay una parte de nosotros (un 30% aproximadamente) que es pura genética, que no hay nada que podemos hacer contra eso. Por eso, para algunos críticos del mundo del desarrollo personal la frase de “querer es poder” chirría un poco. No siempre se puede. ¿Qué opinas de esto?

R: Fíjate que ayer una periodista me preguntó que sin con esto [descubrimientos de la neurociencia] se podía curar algo el Alzheimer…y yo digo…no, mira. Le puse el ejemplo de la típica familia nórdica que a los 30-40 años está devastados por el Alzheimer. Esa persona, por mucho que haga, hoy en día no le podemos ayudar, desafortunadamente; ni con esto, ni con fármacos, ni con nada..y como tú dices, o sea cuando tú tienes una tendencia genética a sufrir una depresión mayor…¡ojo!, que estamos hablando de una cosa muy seria, que desafortunadamente no entendemos muy bien por qué ocurre, efectivamente a esta persona no la sacas ni con esto, ni con esto y con antidepresivos, ni con esto más terapia…es muy difícil.

P: El título de tu libro, Redefine imposible... no se refiere entonces a que ‘todo es posible’. Se refiere más bien a que hay cosas que sí están en tu mano cambiar y cosas que no…

R: El título es muy pretencioso…Redefine imposible. Que yo no quería se confundiese con eso de que todo se puede hacer en la vida, porque tampoco es así, vamos a ser realistas: no podemos hacer lo que nos dé la gana. Si yo mañana quiero batir el record de 100 metros lisos, es que no puedo y ya está, es así. Pero hay otras cosas que sí. Por ejemplo, nosotros, que todavía tenemos 44 años, nos ponen una pistola en la cabeza y nos dicen: si dentro de 10 años no habéis conseguido ser pilotos de vuelo comercial, matamos a vuestras familias. Estoy convencido de que tú y yo acabamos como pilotos de vuelos comerciales. Ya nos buscaremos la manera de hacerlo. Nos costaría mucho dinero y muchas horas de esfuerzo. Es algo muy difícil, pero se puede. Igual que eso, muchas otras cosas. Pero hay otras cosas que no se pueden. El título es pretencioso, pero a lo que voy es a que hay gente que a veces no hace determinadas cosas porque cree que son imposibles, pero sí se pueden hacer.

Por Aldara Martitegui  para Nius Diario

Editor

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