¿Por qué un país debe tener un Ejército? Una mirada histórica, estratégica y humana para las nuevas generaciones militares

Artículo de opinión
Opinión02/06/2026 Por MY Ignacio Federico Diz

Introducción

El entorno estratégico contemporáneo se caracteriza por la convergencia de dominios operacionales, la aceleración tecnológica y la progresiva erosión de las distinciones tradicionales entre guerra y paz. En este contexto, el instrumento militar mantiene su vigencia no solo como herramienta de combate, sino como mecanismo central de disuasión y gestión de la incertidumbre. La existencia de un Ejército no constituye una opción coyuntural, sino una necesidad estructural vinculada a la preservación de la soberanía, la integridad territorial y la continuidad institucional del Estado.

El presente trabajo sostiene como tesis que la relevancia del Ejército en el siglo XXI radica en su capacidad de disuadir, adaptarse a escenarios complejos y sostener el orden político frente a amenazas multidominio. Para ello, se adopta un enfoque cualitativo basado en el análisis histórico y teórico, integrando los aportes clásicos de la estrategia con las dinámicas contemporáneas del conflicto.

Marco teórico: disuasión, fricción y complejidad

La comprensión del rol del instrumento militar requiere partir de los fundamentos de la teoría estratégica. Carl von Clausewitz estableció que la guerra es la continuación de la política por otros medios, integrando en su concepción la interacción entre el pueblo, el gobierno y el ejército. Esta relación permite entender que el instrumento militar no actúa de manera aislada, sino como parte de un sistema político-social más amplio.

En este marco, la noción de fricción adquiere una relevancia central. La diferencia entre la guerra teórica y la guerra real se amplifica en el contexto actual, donde la incertidumbre se expande a dominios como el cibernético, el informacional y el económico. La denominada “niebla de la guerra” se proyecta hoy sobre escenarios multidominio, donde la información, la percepción y la velocidad de decisión condicionan el resultado estratégico.

Por su parte, la teoría de la disuasión desarrollada por André Beaufre permite comprender que la eficacia del instrumento militar no reside únicamente en su empleo, sino en su capacidad de influir sobre la voluntad del adversario. La disuasión efectiva depende de la credibilidad, la capacidad real y la adecuada señalización de la intención de empleo. En consecuencia, la preparación permanente y la cohesión institucional se constituyen como factores determinantes del poder militar.

El Ejército en la construcción del Estado

El análisis histórico demuestra que no existe Estado soberano sin una capacidad organizada de defensa. Desde las estructuras militares de la antigüedad hasta los ejércitos nacionales modernos, la institucionalización de la fuerza ha sido un componente esencial en la consolidación del poder político.

En el caso argentino, la acción de José de San Martín evidencia que la independencia no fue únicamente una aspiración ideológica, sino el resultado de una organización militar eficaz. La creación del Ejército de los Andes implicó la movilización de recursos, la planificación estratégica y la construcción de legitimidad política, elementos fundamentales para sostener la libertad en el tiempo.

Este proceso se vincula con los planteos de Charles Tilly, quien sostiene que los Estados se consolidan a partir de su capacidad para organizar la violencia de manera legítima. En consecuencia, el Ejército no solo responde a amenazas externas, sino que constituye un pilar estructural del Estado.

 

Transformaciones del conflicto contemporáneo

Los conflictos recientes evidencian una transformación profunda en la naturaleza de la guerra. La evolución desde enfrentamientos convencionales hacia escenarios multidominio implica la integración de capacidades cinéticas y no cinéticas en un mismo teatro de operaciones.

En este sentido, la guerra contemporánea se caracteriza por la convergencia de operaciones militares tradicionales con acciones en el ciberespacio, el dominio informacional y el ámbito económico. La manipulación de la información, la presión financiera y el empleo de tecnologías emergentes configuran un entorno donde la distinción entre paz y conflicto se vuelve difusa.

Sin embargo, en este contexto de alta complejidad, el factor humano mantiene su centralidad. La moral, la cohesión y la voluntad de lucha continúan siendo variables decisivas, incluso frente a la superioridad tecnológica. La experiencia demuestra que la capacidad material, sin una base humana sólida, resulta insuficiente para alcanzar el éxito estratégico.

Multifuncionalidad del instrumento militar

En el siglo XXI, el Ejército desarrolla una matriz de empleo que combina su misión principal la defensa ante agresiones externas con un conjunto de misiones subsidiarias que fortalecen su rol dentro del Estado.

Entre estas funciones se incluyen la participación en operaciones de paz, el apoyo a la comunidad en situaciones de emergencia, la protección de infraestructuras críticas y el desarrollo de capacidades de ciberdefensa. Esta multifuncionalidad no implica una desviación de su esencia, sino una ampliación de sus capacidades operacionales.

La clave radica en la polivalencia del soldado moderno, capaz de adaptarse a distintos escenarios sin perder su preparación para el combate. La complementariedad entre las distintas misiones refuerza la credibilidad del instrumento militar y contribuye a la eficacia de la disuasión estratégica.

 

Dimensión humana y formación militar

El valor del Ejército no se limita a sus capacidades materiales, sino que se fundamenta en la formación de sus integrantes. La educación militar constituye el ámbito donde se construyen la disciplina, el liderazgo y el sentido de pertenencia.

Comprender que el instrumento militar representa la última garantía de la soberanía no es un concepto abstracto, sino un principio que orienta la conducta diaria. En un entorno caracterizado por la incertidumbre, la preparación constante y silenciosa se convierte en un factor disuasivo en sí mismo.

Cada integrante de la institución, desde su rol específico, contribuye al sostenimiento de la capacidad operativa y la legitimidad del Ejército. En última instancia, es el factor humano el que transforma la estructura militar en una verdadera herramienta estratégica del Estado.

 

Conclusiones

La vigencia del instrumento militar en el siglo XXI responde a una lógica estratégica que trasciende el combate directo. Su existencia garantiza la soberanía, refuerza la estabilidad del Estado y actúa como elemento disuasivo frente a amenazas cada vez más complejas.

El análisis demuestra que el Ejército ha sabido adaptarse a un entorno caracterizado por la incertidumbre y la multidimensionalidad del conflicto, incorporando nuevas capacidades sin abandonar su esencia. La combinación de poder material, cohesión humana y legitimidad institucional constituye la base de su eficacia.

En un mundo donde la incertidumbre es la norma, la ausencia de una capacidad militar sólida no representa una opción viable, sino una vulnerabilidad estratégica. El Ejército, en consecuencia, se consolida como un componente esencial del poder nacional y una garantía permanente de la soberanía del Estado.

Bibliografía

Beaufre, A. (1963). Introducción a la estrategia. París: Armand Colin.
Clausewitz, C. von. (2005). De la guerra. Buenos Aires: Distal.
Howard, M. (1976). War in European History. Oxford: Oxford University Press.
Tilly, C. (1992). Coerción, capital y los Estados europeos. Madrid: Alianza.

 

 

 

 

 

 

 

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