Uruguayo, 23 años y un plano bajo el brazo: El joven que sedujo al cerebro de McLaren para reinventar los hypercars

Cómo Santiago Sánchez Rivero pasó de las aulas universitarias a liderar a los ingenieros más experimentados de Europa en una misión radical: cambiar para siempre la forma en que pilotamos un automóvil.
16/07/2026Jóvenes Líderes NewsJóvenes Líderes News
Hay una delgada línea entre la audacia de la juventud y el delirio. Cuando Santiago Sánchez Rivero, un joven uruguayo de apenas 23 años, se plantó frente a algunas de las mentes más brillantes de la ingeniería automotriz europea con un fajo de bocetos bajo el brazo, muchos habrían apostado por lo segundo. Sin embargo, este joven no solo traía dibujos; traía una visión radical dispuesta a sacudir los cimientos de la industria de los hypercars.

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Para entender la magnitud de su hazaña, basta con mirar a quiénes logró convencer. Paul Arkesden, un veterano con tres décadas de experiencia y una de las mentes principales detrás del legendario McLaren P1 —el santo grial de los deportivos modernos—, decidió dejar la comodidad de los gigantes consagrados para unirse a la incipiente firma del rioplatense. Junto a él, Geoff Dowding, exdirector ejecutivo de marcas míticas como Lotus, Bentley y Harley-Davidson, se sumó como asesor estratégico comercial. ¿Qué vieron estos titanes en los ojos de un veinteañero?
Un sueño forjado lejos de las pistas europeas
La obsesión de Santiago no nació en los talleres de Maranello ni en los circuitos de Silverstone. Nació a miles de kilómetros, dividida entre los paisajes de su Uruguay natal y una parte de su infancia transcurrida en Sudáfrica. Desde los 14 años, mientras sus amigos pensaban en videojuegos o fútbol, él repetía una certeza: "Voy a fundar mi propia marca de automóviles".
Tras graduarse del Uruguayan American School, empacó sus ilusiones y se trasladó a los Países Bajos para estudiar Ingeniería Automotriz en la reconocida Universidad HAN de Arnhem. Allí no se limitó a las aulas. Se convirtió en el director del equipo de la Formula Student, una exigente competencia universitaria donde los estudiantes deben diseñar, financiar y construir monoplazas de carrera reales. Aquella experiencia fue su bautismo de fuego: aprendió a liderar equipos internacionales y a convencer a patrocinadores escépticos de que pusieran dinero en proyectos universitarios.
En octubre de 2024, con el título bajo el brazo y una madurez inusual para su edad, fundó su startup: Sanrivatti, fijando su base de operaciones en el polo tecnológico Cleantech Park Arnhem.
El secreto está en cómo te sientas
Hoy en día, el mercado de los vehículos de ultra alto rendimiento sufre de una obsesión matemática: las marcas compiten de manera encarnizada por ver quién añade más caballos de fuerza o quién alcanza una velocidad punta milimétricamente superior. Santiago detectó que, en esa carrera por los números, se estaba perdiendo algo fundamental: la conexión real con el conductor.

La propuesta con la que Sanrivatti está rompiendo los esquemas se denomina "Apex Position". En lugar de sentarse en una butaca convencional de fibra de carbono, la arquitectura de este vehículo ubica al piloto en una posición central, inclinado hacia adelante de una forma muy similar a la de un motociclista en una moto de pista de alta cilindrada.

"En una motocicleta de alto rendimiento, el piloto y la máquina se mueven como un solo cuerpo", explica Sánchez Rivero. "La conexión es física e instintiva. En cambio, los autos deportivos modernos suelen separar al conductor mediante capas de sistemas y convenciones". Al tumbar al piloto hacia el frente en la cabina cerrada, se logra una distribución de masas perfecta, se amplía drásticamente el campo visual y el cuerpo experimenta las fuerzas G de una forma totalmente inmersiva. Para demostrar que no era una utopía, Sanrivatti ya desarrolló un prototipo funcional que valida la ergonomía y los controles bajo condiciones reales de conducción.
La lección del joven charrúa
Cuando a Paul Arkesden le preguntaron por qué arriesgaba su prestigio al unirse a Sanrivatti, su respuesta fue contundente: "La industria se ha vuelto excelente refinando ideas del pasado. Las oportunidades para explorar perspectivas genuinamente nuevas aparecen muy rara vez".
La historia de Santiago Sánchez nos recuerda el viejo espíritu de leyendas como Horacio Pagani o Christian von Koenigsegg: hombres que, armados únicamente con ingenio y tenacidad, se atrevieron a desafiar a los gigantes establecidos. En las oficinas de Sanrivatti en los Países Bajos, un joven uruguayo sigue ajustando los planos del que promete ser el auto más disruptivo de la década. Nos demuestra que, a veces, para avanzar a toda velocidad hacia el futuro, solo hace falta cambiar el punto de vista.
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