Que parezca un accidente

El jefe del grupo de los mercenarios Wagner murió dos meses después de haberse amotinado contra los jefes militares del Kremlin. Apenas unas horas antes había reaparecido en un video desde Mali. También se confirmó la purga del general Surovikin. Por Gustavo Sierra

Actualidad 23/08/2023 Editor Editor

La disidencia en las altas esferas del poder en el Kremlin se paga con la vida o con una sobrevida miserable. Esto ocurre desde la época de los zares, pasando por la Unión Soviética y hasta en la actual Era de Vladimir Putin. Lo extraordinario es desafiar al poder y sobrevivir. Eso es lo que había ocurrido con Yevgeny V. Prigozhin, “el chef” de Putin y jefe del ejército de mercenarios del Grupo Wagner, quien se había amotinado contra el poder militar central en junio y todavía estaba vivo. El lunes mismo se mostraba desafiante con sus mercenarios desde el desierto de Mali. Esta vez, el desafío se acabó 24 horas más tarde cuando su avión Embraer RA-02795 se estrelló en la región de Tver, al noroeste de Moscú. Los siete pasajeros y los tres tripulantes murieron.

Prigozhin conoció a Putin cuando el primero había logrado pasar en unos pocos meses de vender salchichas en la calle a tener una cadena de restaurantes en San Petersburgo. Putin era, entonces, uno de los vicealcaldes de la ciudad encargado de entregar las licencias para los establecimientos gastronómicos. Se hicieron amigos y cuando Putin se trasladó a Moscú y consolidó su poder llamó a Prigozhin para que se encargara de las concesiones de todos los restaurantes del Kremlin y otras dependencias oficiales. De allí le viene el apodo del “chef”.

Si bien las concesiones estatales siempre son muy redituables, Prigozhin entendía que era poco para sus habilidades. Pronto comenzó a hacer negocios que iban desde la cría de caballos hasta la minería. Fue cuando su amigo lo volvió a necesitar y le pidió que creara un ejército de mercenarios para hacer los trabajos sucios que no podían hacer las Fuerzas Armadas. Así surgió el Grupo Wagner que comenzó con tareas de seguridad y vigilancia en las minas de diamantes de los oligarcas rusos en varios países africanos. Hasta que vino la invasión rusa a la vecina Ucrania y el primer fracaso de las fuerzas oficiales. Fue cuando intervino el Grupo Wagner cometiendo algunas de las mayores atrocidades de esta guerra.

La campaña de los mercenarios fue brutal pero exitosa. Esto creó un enfrentamiento con el ministro de Defensa, Sergei Shoigu, y al jefe del Estado Mayor, Valeri Guerasimov que comenzaron a boicotear el envío de municiones y pertrechos a los Wagner. Finalmente, la puja se salió de cauce cuando Shoigu exigió que los mercenarios se enrolaran obligatoriamente en el ejército y disolvieran su agrupación. La noche del 23 de junio, Prigozhin ordenó a sus hombres dejar el frente en el Donbás ucraniano y armó un convoy de camiones de decenas de kilómetros. Cruzó la frontera rusa, se atrincheró en el cuartel de las fuerzas armadas en la ciudad de Rostov del Don y ordenó al grueso de sus hombres que continuaran hacia Moscú.

Después de un enfrentamiento con helicópteros leales y el cierre de los accesos a Moscú con tropas y tanques del ejército, en un giro sorprendente de los acontecimientos, el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, anunció que había conseguido un acuerdo con Prigozhin y con Putin. El líder ruso le perdonaría la vida a cambio de que ordene el repliegue de los mercenarios y que el jefe rebelde y sus lugartenientes se fueran a un exilio en Bielorrusia. El motín terminó, pero la saga continuó unas horas más tarde cuando Prigozhin volvió a San Petersburgo y se difundieron rumores de un encuentro con Putin. Lo cierto es que los Wagner continuaron sus acciones en Ucrania, aunque en la retaguardia, mientras mantenían sus actividades en África.

El lunes, Prigozhin reapareció en un video que filmó en Mali, donde la junta militar que gobierna el país desde 2021 los contrató para reemplazar a las fuerzas francesas -obligadas a replegarse por los militares golpistas- para combatir a los grupos extremistas islámicos que operan en la región. “La temperatura es de más de 50 grados…todo como nos gusta. La compañía militar privada Wagner hace que Rusia sea aún más grande en todos los continentes, y África más libre”, dice Prigozhin en el vídeo. “Justicia y felicidad para el pueblo africano, estamos haciendo la vida una pesadilla para ISIS y Al Qaeda y otros bandidos”, agrega. Y al final dice que Wagner está reclutando gente y que el grupo “cumplirá las tareas que se le han encomendado”. Y termina con una placa en la que aparece un número de teléfono para quienes quieran unirse al grupo.

Dos días después, Prigozhin figuraba como pasajero en su avión privado que se estrelló el miércoles por la noche cerca de Moscú sin que hubiera supervivientes.

Apenas unas horas antes, la agencia de noticias estatal rusa había confirmado la destitución del general Sergei Surovikin, que estuvo a cargo de todas las operaciones en Ucrania y es conocido por el sombrío apodo de “general Armagedón” por su cruel eficacia. De acuerdo a RIA Novosti, Surovikin fue destituido de su cargo de comandante de la Fuerzas Aéreo-espaciales confirmando que había caído en la purga de militares que se produjo tras el alzamiento de los Wagner. Surovikin había desaparecido de escena la noche del motín de Prigozhin y se cree que estaba al tanto de lo que iba a ocurrir. En Moscú dicen que está en la cárcel de Lefortovo, donde iban a parar las víctimas de Stalin y que es manejada por los servicios secretos del Kremlin. Surovikin mantenía una amistad con Prigozhin y también estaba enfrentado a Shoigu y a Guerasimov. Y no es el único alto mando de las fuerzas armadas que cayó en desgracia en las últimas semanas. Se cree que otros 12 generales perdieron sus puestos.

La larga mano del Kremlin llega en general en forma de veneno. Es lo que le sucedió al agente disidente Alexandr Litvinenko, quien falleció en un hospital londinense en noviembre de 2006 por envenenamiento con polonio 2010, una sustancia altamente radiactiva. A otro ex agente, Serguéi Skripal, y su hija Yulia. También a Alexei Navalni que lo trataron en Berlín antes de que regresara a Rusia y terminara en el gulag. Y los periodistas. Elena Kostyuchenko, Natalia Arno e Irina Babloyan llevan mucho tiempo trabajando para desenmascarar las mentiras del Kremlin publicando en sitios como el heroico Meduza, que se edita desde Lituania, o TVRain, que ahora emite desde Países Bajos. Mientras reportaban desde diferentes puntos de Europa en los últimos meses, las tres fueron envenenadas por agentes del Kremlin.

En el caso de Prigozhin, lo de envenenarle la comida era más difícil. Conocía todos los trucos y tenía un chef propio. Un chef de un chef. Terminó siendo un “accidente” de avión y llevará mucho tiempo en saberse sus causas.

Infobae

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