“Me rompió el corazón”, encontró un perro solitario en la playa y descubrió la triste razón por la que el animal miraba fijo al mar

Curiosidades 08 de marzo de 2022 Por Editor
Fue en una playa de Perú, la historia detrás de aquella expresión conmueve a todos los que la escuchan.

Ocurrió en Punta Negra, un distrito de la provincia de Lima, en Perú. Fue allí, a lo largo de una costa rocosa con vista al mar, que Jolie Mejía y su familia conocieron una historia de amor en su máxima expresión. Mientras disfrutaban de la fresca brisa de la tarde sentados en la arena, recibieron la visita de un perro que parecía estar solo.

Sin embargo, el animal no mostraba los signos típicos del abandono. Llevaba un collar, su pelaje estaba limpio, a simple vista no tenía heridas ni cicatrices y su peso corporal parecía ser el adecuado a un perro de su porte y tamaño. Jolie lo acarició, esperó unos minutos a que se acercara algún humano responsable, pero pasaba el tiempo y nadie se acercó.

En ese lapso, algo le llamó la atención a la joven: el perro parecía disfrutar de las caricias y la cercanía con la familia. Sin embargo, todo el tiempo su mirada permanecía fija en el océano. Algo pasaba, y la muchacha no tardó en enterarse del conmovedor motivo detrás de esa expresión.

Con la mirada perdida
“Un lugareño que pasaba por la playa nos explicó que prácticamente todos en la zona conocen al perro y le tienen mucho cariño. Nos dijo que el animal vivía con un pescador que falleció hace tiempo. Y que, desde entonces. el perro viene todos los días hasta acá y mira al mar”. Al parecer, ha estado esperando el regreso de su amigo que nunca volverá a casa.

Mejía por su parte cree que el responsable del perro murió efectivamente en el mar y que el perro lo ha estado esperando todos los días desde entonces. Por eso se sienta en la orilla y vigila el horizonte. Aunque la situación podría ser preocupante, afortunadamente el perro no carece de amigos que lo cuidan. En la comunidad son muchos los que lo alimentan, lo cobijan y le brindan atención médica cuando la necesita.

Mejía también supo que el perro se llama Vaguito y actualmente está al cuidado de una mujer que vive cerca. Al final del día, Mejía y su familia finalmente se separaron de Vaguito, con los ojos aún mirando al mar. Pero su historia agridulce, una de lealtad a un amor que perdió, pero que a la vez encontró en la comunidad, es algo que ella no olvidará.

LA NACION

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