Confesiones de Will Smith desde el lado oscuro de la fama

Mundo 05 de enero de 2022 Por Editor
Más allá del rap, los Grammys, la mansión del tío Phil en Bel-Air y los mayores taquillazos de Hollywood, hay una historia de maltrato, traumas e inseguridad. Llega a España 'Will', las memorias de una megaestrella al borde del precipicio

Will Smith salió en calzoncillos y pantuflas al jardín de su casa. Se abrió la chaqueta del chándal y lució una señora barriga cervecera. Posó como una diva con lorzas y luego subió la foto a su cuenta de Instagram.Fue el pasado 3 de mayo.

"Seré sincero con vosotros, estoy en la peor forma de mi vida". Will Smith tiene cuatro Grammys, dos nominaciones a los Oscar, buena parte de las películas más taquilleras de la historia del cine y casi 57 millones de seguidores en la red social. Su panza generó cientos de miles de comentarios, casi siete millones de likes y una ola de posados similares en todo el mundo. Al fin y al cabo, en plena pandemia, casi todos estábamos en la peor forma de nuestras vidas.

El actor había ganado peso para rodar una película en la que interpreta al padre de las hermanas Williams -sí, las tenistas- y se le juntó el final de la producción con un confinamiento en el que se puso ciego a muffins de chocolate. Aquel posado de Will por encima de los 100 kilos, por supuesto, no era casual. Sólo unas horas después, anunciaba una docuserie en YouTube de seis capítulos en la que se retaba a sí mismo a adelgazar nueve kilos en 20 semanas y a terminar, mientras tanto, sus memorias.

Recién cumplidos los 53 años, Will Smith ha recuperado los abdominales de superhéroe y acaba de publicar en España una autobiografía escrita con la ayuda de Mark Manson -autor de El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda- que ha escandalizado mucho más que su barriga. La verdadera excusa para desnudarse en directo. Pocas veces una megaestrella mundial habla tan claramente de sus miedos y de sus debilidades tras el telón. Will (ed. Zenith), que así se llama el libro -en un juego de palabras con su nombre y la palabra voluntad en inglés-, es su particular dieta de ego, un relato cargado de traumas infantiles, violencia doméstica, acoso escolar, excesos, relaciones tóxicas, sexo de mierda y viajes de ayahuasca.

"Yo creé la narrativa de Will Smith y luego las compañías cinematográficas la vendieron. Una gran parte era verdad, pero hay ciertos aspectos de todo eso que se evitaron. En este punto de mi vida la autenticidad es mucho más poderosa que el misterio", admite el actor en la docuserie The best shape of my life (La mejor forma de mi vida).

La historia arranca, claro está, al oeste en Filadelfia.

A Willard Carroll Smith Jr. le llamaban "cabeza trofeo" en el cole porque tenía las orejas como la Copa de Europa. En su primer día en el instituto, un chaval le golpeó en la cara con un candado y él cayó de boca contra las escaleras. Cuando tenía 13 años su padre pegó a su madre por última vez y el pequeño Will imaginó cómo sería suicidarse. "Pensé en tomarme pastillas, conocía también un lugar en las vías del tren donde un niño había perdido las piernas y había visto a personas cortarse las venas de las muñecas en una bañera en televisión", cuenta en el libro. No se mató porque su abuela Gigi le había dicho que quitarse la vida era pecado, así que decidió refugiarse en la tele para soñar con ser algún día como JR en Dallas. "En la vida real yo enterraba mis defectos con capas y capas de interpretación. Adopté una personalidad que era incansablemente alegre, optimista y positiva". Cuantas más hostias se llevaba, más paridas hacía.

Un día Will entró a clase con retraso y su profesora le dijo: "Su Alteza el Príncipe llega dos minutos tarde". Will la corrigió: "No, señorita Brown, los dos sabemos que apenas llego treinta segundos tarde. Y, si no le importa, de ahora en adelante exijo que se refiera a mi persona como Fresh Prince". Toda la clase rompió a reír.

La broma funciona mejor en versión original porque aquí al Fresh Prince siempre se le llamó El Príncipe de Bel-Air. Pero el caso es que ese día nació la leyenda de Will Smith. A mediados de los 80, descubrió la música y a un DJ llamado Jazzy Jeff y juntos revolucionaron la industria del hip hop. En 1989 ganaron el primer Grammy de la historia dedicado al rap. "A los veinte años, era un rapero de fama mundial, ganador de un premio Grammy y un millonario novato", cuenta él.

El capítulo siguiente en su libro, sin embargo, se llama DOLOR. Así, en mayúsculas. Su novia de entonces le puso los cuernos y Will Smith entró en una vorágine de compras y sexo desenfrenado. "Tuve relaciones sexuales con tantas mujeres, y me resultaba tan soberanamente desagradable, que desarrollé una reacción psicosomática al tener un orgasmo. Me provocaba arcadas, literalmente, y a veces incluso vomitaba". Diez páginas más tarde: "Una vez que eres rico, famoso y tienes éxito, y aun así te sientes inseguro e infeliz, te empieza a acechar un pensamiento aterrador: tal vez el problema soy yo".

A estas alturas de la vida de Will Smith todos sabíamos quién era Will Smith. Un tipo guapo con las orejas de soplillo, extraordinariamente simpático, siempre sonriente. Detrás de las cámaras seguía el tormento. Llegó a gastar hasta 10.000 dólares al día entre fiestas, ponches de ron y fingers de pollo. Una deuda con Hacienda le llevó a la ruina. "Yo era rico y famoso, pero sin la parte de ser rico, y sin la parte de ser famoso". Viajar a Bel-Air le salvó la vida, en la ficción y en la vida real. El niño mimado de Quincy Jones llegó a acumular diez millones de espectadores a la semana sólo en Estados Unidos. El nuevo Eddie Murphy. Will Smith quería ser la mayor estrella de Hollywood y lo consiguió. En los noventa, empezó a encadenar taquillazos. Dos policías rebeldes, Independence Day, Men in Black...Más de 7 billones de euros de taquilla en todo el mundo. Dos nominaciones a los Oscar. Más de 30 millones de discos vendidos. Antes de cumplir los 40 ya se había convertido en el actor más rentable de la historia del cine... Antes de cumplir los 30 ya tenía un hijo y un divorcio.

La crisis con su segunda esposa, Jada Pinkett, madre de sus otros dos hijos, volvió a llevar al actor al borde del abismo. "Había conseguido todo aquello con lo que siempre había soñado: carrera, familia, negocios, salud, superestrellato y una casa con nombre. De hecho, era incluso más y mejor de lo que había soñado nunca", escribe Smith. "¿Cómo era posible que mi vida se estuviera desintegrando... otra vez?".

La parte final de Will lleva a nuestro protagonista a un retiro espiritual, alejado del ruido y de los focos. "¿Soy un adicto? No tomo drogas, casi no bebo y tampoco estoy enganchado al sexo como una hiena. Sin embargo, no sabía cómo parar, cómo estar quieto o cómo estar en silencio o solo. Era adicto a la aprobación de los demás y, para asegurármela, me había enganchado a ganar".

Catorce ceremonias de ayahuasca le ayudaron a salir del hoyo y convirtieron a Will Smith en una taza de Mr. Wonderful. "Vislumbré por primera vez el secreto de ‘la Sonrisa’. Había entendido mal la física de la felicidad definitiva. Pensaba que podía llegar al amor y a la felicidad a base de ganar, vencer, lograr, conquistar y adquirir", confiesa el actor. "Ser valiente significa aprender a seguir adelante a pesar del terror".

Mark Manson, coautor de las memorias de Will Smith, le preguntó en una ocasión al actor cuál había sido el secreto de su éxito. "El truco es morder más de lo que puedes masticar y aún así masticarlo todo", le dijo Will. "Tu mente siempre cree que puede hacer menos de lo que realmente puede".

Hoy sabemos que había mucho más detrás de ese éxito, más incluso de lo que los fans de Will Smith querrían saber. Tras la publicación de su libro, sus seguidores han empezado a recoger firmas para que Will y su esposa dejen de airear su vida íntima en la prensa. Más de 22.000 personas ya han firmado para que el príncipe cierre la boca de una vez.

Por RODRIGO TERRASA para el diario El Mundo de España 

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