La impactante historia de la joven que venció la fobia a la comida y muestra su increíble cambio

General 12 de noviembre de 2021 Por Editor
“Sólo tomaba 9 tazas de café por día”, recuerda hoy una ex bailarina de 25 años.

Megan Brewer, de 25 años,  tenía el sueño de ser bailarina de ballet y recorrer el mundo con una compañía profesional antes de que su salud se deteriorara y se ejercitara hasta 10 horas por día. 

La anorexia de Megan la ponía tan enferma que dependía de hasta nueve tazas de café y tabletas de cafeína solo para mantenerse en pie. Desde los ocho años, Megan había estado obsesionada con sus medidas para los trajes de baile escolares, queriendo tener el tamaño más pequeño posible.

A medida que crecía, siempre estaba consciente de las calorías y solía llorar ante su propio reflejo. Megan se unió a una escuela de danza a los 18 años, pero en su tercer año, haría ejercicio hasta 10 horas al día yendo al gimnasio al menos una vez al día, haciendo dos clases de yoga, otra clase más intensa, corriendo una vez a la semana y entrenarse para un maratón, todo además de bailar.

"Nosotros, como familia, siempre estábamos muy ocupados con nuestros propios compromisos, como clases de baile y música. A mis dos padres les gusta mucho el ejercicio y la vida sana, lo que yo aprendí y llevé al extremo. Recuerdo ser quisquillosa con los alimentos poco saludables desde pequeña, como no comer papas fritas o pizza. Diría que no me gustan, para no tener que comerlos".

Su familia no estaba tan al tanto de la situación, aunque cuando comenzó a ser notorio el deterioro físico, Megan intentó ocultarlo. Un día su padre pudo ver el cuerpo esquelético de su hija y se puso a llorar. A partir de allí, en 2018, la joven comenzó un tratamiento contra la anorexia. Y pudo recuperarse.

Ella siempre vivió en el seno de una familia deportista, con lo cual el cuidado del cuerpo era algo normal. Desde pequeña hacía muchos ejercicios y comía saludable. Recuerda que a los ocho años, todavía una niña, comenzó a obsesionarse con sus medidas. 

A medida de que fue creciendo, la situación se volvió más compulsiva. Miraba las calorías de todo lo que ingería y se miraba mucho al espejo. Si la imagen que se reflejaba de ella misma no le gustaba, comenzaba a llorar. 

Su punto de inflexión ocurrió el día que notó que había desarrollado fobia a la comida. "Mis padres están muy interesados ​​en el ejercicio y la vida saludable, lo que aprendí y llevé al extremo".

Megan, ya recuperada, quiere mostrar a los demás jóvenes lo duro que es luchar contra la anorexia. Y dice que habría que hacer más para que muchas personas no caigan en la enfermedad.  Ella encaró un tratamiento con apoyo familiar que consistió en una internación en una institución. 

"Al principio era una paciente ambulatoria, pero eso no funcionaba, así que me quedaba toda la semana en la clínica. Teníamos comidas y varios grupos de terapia, podía volver a casa los fines de semana ", dijo Megan.

Ella era atendida por enfermeras, nutricionista, terapeutas ocupacionales y todo un equipo especializado. "Los trastornos alimenticios no se tratan de peso. Las personas necesitan educarse para poder apoyar a otros. Es una mentalidad y la comida y el peso son sólo un síntoma de cuánto estás controlado por tus voces internas", analiza hoy.

Qué es la anorexia
Es un trastorno alimentario que causa que las personas pierdan más peso de lo que se considera saludable para su edad y estatura. 

Las personas con este trastorno pueden tener un miedo intenso a aumentar de peso, incluso cuando están con peso insuficiente. Es posible que hagan dietas o ejercicio en forma excesiva o que utilicen otros métodos para bajar de peso.

No se conocen las causas exactas de la anorexia. Muchos factores probablemente estén involucrados. Los genes y las hormonas pueden jugar un papel. Las actitudes sociales que promueven tipos de cuerpos muy delgados también pueden contribuir.

La anorexia a menudo comienza durante los años anteriores a la adolescencia o la adolescencia, o a principios de la edad adulta y es más común en mujeres, aunque también se puede ver en hombres.

Fuente: Clarin

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