
James A. Robinson, ganador del Nobel de Economía: “La pobreza y la desigualdad en América Latina están profundamente arraigadas en el colonialismo y la explotación de los indígenas"
EditorJames A. Robinson, profesor y economista británico de 64 años, fue galardonado este 14 de octubre de 2024 con el Premio Nobel de Economía junto a Daron Acemoglu y Simon Johnson, por sus estudios sobre las diferencias en la prosperidad de las naciones y el análisis de la desigualdad. Con una destacada trayectoria académica en la Universidad de Chicago y un extenso trabajo de campo en América Latina y África Subsahariana, Robinson ha dedicado más de tres décadas a investigar la relación entre las instituciones, el poder político y la prosperidad económica.

En entrevista con BBC Mundo, Robinson expresa su sorpresa ante el premio: “Estoy un poco en shock, honestamente, no lo esperaba”. Durante la conversación, profundizó sobre las conclusiones de sus investigaciones, centradas en cómo las instituciones influyen en la desigualdad y el desarrollo económico. Según él, una de las claves para comprender la persistencia de la pobreza en distintas regiones del mundo, como América Latina, es el legado del colonialismo y la explotación de los pueblos indígenas.
El peso del colonialismo en la pobreza latinoamericana
Robinson señala que el colonialismo ha dejado cicatrices profundas en Latinoamérica, donde las estructuras extractivas impuestas durante siglos aún repercuten en la exclusión y la marginalización de amplios sectores de la población. “La pobreza y la desigualdad en América Latina están profundamente arraigadas en el colonialismo, la explotación de los indígenas y la esclavitud”, afirma. Pese a algunos avances, como los experimentados en países como Chile y Costa Rica, la región aún enfrenta grandes desafíos para crear sociedades inclusivas.
Desafíos para la democracia en la región
Robinson también advierte sobre el impacto de la desigualdad en la estabilidad democrática de América Latina. En su opinión, el desencanto con la democracia es comprensible, dado que a la población se le hicieron grandes promesas que no se han cumplido. La frustración por la persistente pobreza y falta de inclusión ha impulsado el apoyo a líderes populistas en busca de soluciones rápidas.
En este contexto, Robinson menciona ejemplos recientes como el presidente Nayib Bukele en El Salvador y Andrés Manuel López Obrador en México. "La gente vota por líderes como Bukele debido a la inseguridad, pero es un proceso largo construir instituciones democráticas que realmente cambien la vida de las personas", explica.
Un camino difícil hacia la inclusión
La solución, según Robinson, pasa por la creación de instituciones políticas y económicas inclusivas, que permitan a las personas participar activamente en las decisiones que afectan sus vidas. Este es el gran desafío no solo en América Latina, sino también en otras partes del mundo, como África Subsahariana o incluso Estados Unidos. “Aún hay muchos elementos de lo que llamamos instituciones extractivas”, señala, lo que perpetúa la desigualdad y limita la movilidad social.
Mirando hacia el futuro, Robinson concluye que la lucha por reducir la desigualdad será central en el siglo XXI. “Es muy difícil tener una sociedad democrática cuando existen enormes niveles de desigualdad”, advierte.




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