Elon Musk: Del hijo pródigo al enemigo número uno del establishment de Estados Unidos

General 18 de abril de 2022 Por Editor
El empresario más rico del mundo se convirtió en la persona más odiada por el establishment globalista: ¿Qué llevó al rotundo cambio de ideas de Elon Musk?

Elon Musk es hoy el mayor enemigo del establishment estadounidese. La reacción de los principales grupos de poder a su oferta para comprar Twitter así lo indica. Pero para los que no conocían al excéntrico millonario antes de su salto a la fama en los últimos años, no sabrán que esto no siempre fue así.

Tras una exitosa inversión en PayPal en 1999, que le dejó una ganancia de 176 millones de dólares cuando la empresa fue adquirida por eBay en 2002, Elon Musk pasó de ser un desconocido emprendedor de Sillicon Valley a una figura con poder, influencia y cierto nivel de popularidad.

Esta imagen quedó especialmente exacerbada cuando agarró todo ese dinero que recibió por la venta de PayPal, y decidió invertirlo íntegramente en SpaceX, la primera empresa de vuelos espaciales con capital privado.

Al año siguiente, en 2004, tomó 6,5 millones de dólares e invirtió en Tesla Motors, una compañía de autos 100% eléctricos que habían creado los ingenieros Martin Eberhard y Marc Tarpenning. Tras la crisis del 2008, Eberhard abandona la empresa y el directorio decide que Musk asuma como CEO de la compañía.

A partir de ese año, y con la llegada de Barack Obama al poder, Musk empezaría a convertirse en el hijo pródigo del establishment estadounidense. El demócrata rápidamente le aprobó millonarios subsidios a la fabricación de los autos eléctricos, y Musk se paseó por todo el mundo hablando de los problemas del cambio climático.

  

Por unos años, Elon Musk cumplió el rol en el relato globalista que hoy cumple Greta Thunberg. Se empezó a codear con figuras como Klaus Schwab, del Foro Económico de Davos, Christine Lagarde, por entonces directora del FMI, y hasta Xi Jinping, con quien acordó en 2015 lanzar una fábrica de autos Tesla en suelo chino.

Sin embargo, año a año, el magnate de la industria tecnológica empezó a criticar abiertamente a muchos de sus socios y se empezó a alejar del establishment. Esto quedó demostrado cuando asumió como asesor industrial de Donald Trump, y conformó el comité de asesoría empresarial de la Casa Blanca junto al CEO de Uber Travis Kalanick y al de PepsiCo, Indra Nooyi.

Musk, sin embargo, renunció al cargo unos 6 meses después cuando Trump anunció que sacaría a Estados Unidos de los Acuerdos Climáticos de París. A pesar de haber empezado a alejarse del relato oficial, Musk todavía mantenía una postura radical en cuando al alarmismo climático.

Sin embargo, la relación con Trump se mantuvo extraoficialmente, y entre 2019 y 2020, el entonces presidente republicano lanzó el programa espacial Artemis, para establecer una base en la Luna y desde allí hacer el viaje para pisar Marte en los próximos 20 años.

Todo esto lo hizo con la asesoría de Elon Musk, y cerró un contrato entre la NASA de Trump y SpaceX para que, mientras el gobierno enfocaba sus recursos en cumplir el programa Artemis, la empresa de Musk se encargaría de tareas más simples, como reposición de suministros en la Estación Espacial Internación, entre otras cosas.

El quiebre con el establishmet estadounidense se concretó cuando Joe Biden llegó a la Casa Blanca. Musk lo criticó ferozmente, destacando su visible demencia senil, y concientizó sobre la importancia de invertir en criptomonedas dado que vendría una alta inflación en el dólar por la voraz política fiscal demócrata.

Además, Elon Musk mudó la sede de sus empresas a Texas, después de décadas en California. Según él mismo, la mudanza se debió tanto a cuestiones económicas, como que Texas tiene menos impuestos, como a cuestiones políticas. En California el gobierno demócrata impuso fuertes restricciones sanitarias que dañaron la producción de Tesla durante el 2020 y 2021.

Desde 2020, Musk cambió el libreto completamente. Por ejemplo, empezó a hablar en contra del relato ecologista que dice que el mundo va dirigido a la sobrepoblación.

“Muchos con los que hablo me dicen que hay mucha gente en el mundo. Pero para mi hay muy poca. El mundo necesita más humanos“, dijo en una reciente entrevista, en la que destacó la caída de natalidad como el mayor problema que enfrenta la humanidad actualmente.

Pero lo que más lo destacó del relato oficial del establishment es que empezó a preocuparse por la libertad de expresión, especialmente desde que a Trump lo censuraron de Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, y Spotify casi en simultáneo cuando todavía era presidente.

“La libertad de expresión es cuando una persona que no te gusta, puede decir algo que a vos no te gusta“, aseguró en una TED Talk hace algunos días, una visión que se vio reflejada tras el reciente intento de comprar Twitter.

La derecha diario

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