La mayoría de los trastornos psiquiátricos comienzan en la adolescencia, según un estudio publicado en Nature

General 08 de julio de 2021 Por Editor
Un metaanálisis a gran escala de la revista científica, dio cuenta de que la edad máxima de aparición de este tipo de desórdenes fue de 14,5 años en todo el mundo. Especialistas resaltaron la importancia de la prevención temprana antes o al inicio de los mismos para mejorar los resultados

Si hay un grupo que durante la pandemia captó la preocupación de los especialistas por las consecuencias que esta situación global dejará en su salud mental son los adolescentes.

Es que si bien quienes integran esa franja etaria se encuentran “a salvo” de los efectos directos más graves del COVID-19, en una carta abierta publicada recientemente en The BMJ un grupo de expertos entre los que se encuentran la Alianza para la Salud Materna, Neonatal e Infantil, la Organización Mundial de la Salud (OMS), las Naciones Unidas, organizaciones dirigidas por jóvenes y representantes gubernamentales de países de África, América, Asia y Europa, manifestaron su preocupación por el futuro de los adolescentes en la post pandemia.

Advirtieron que 1.200 millones de personas de 10 a 19 años en todo el mundo “corren el riesgo de heredar un mundo arruinado por el cambio climático y marcado por el COVID-19”. Y sostienen que las consecuencias indirectas sobre su bienestar son “devastadoras”.

Ahora, un metaanálisis de 192 estudios en todo el mundo publicado en la revista Nature asegura que “la proporción de personas con aparición de algún trastorno mental antes de los 14, 18, 25 años fue del 34,6%, 48,4%, 62,5%, respectivamente y la edad máxima fue de 14,5 años”.

Para los expertos, “la promoción de una buena salud mental, la prevención y la intervención temprana antes o al inicio de los trastornos mentales mejoran los resultados”.

“Para proporcionar estimaciones epidemiológicas globales sólidas de la edad al inicio de los trastornos mentales, realizamos una revisión sistemática compatible con PRISMA / MOOSE con un metanálisis de estudios de cohortes, transversales, de cohortes de nacimiento, representativos de la población general, que informaron la edad de inicio para cualquier trastorno mental”, resume el artículo sobre la metodología utilizada.

Así, hallaron que “para los bloques de diagnóstico, la proporción de personas con inicio del trastorno antes de los 14, 18, 25 y la edad máxima fue la siguiente: trastornos del neurodesarrollo (61,5%, 83,2%, 95,8%, 5,5 años), trastornos relacionados con la ansiedad o el miedo (38,1%, 51,8%, 73,3%, 5,5 años), trastornos obsesivo-compulsivos o relacionados (24,6 %, 45,1%, 64,0%, 14,5 años), trastornos de alimentación o problemas de alimentación (15,8%, 48,1%, 82,4%, 15,5 años), condiciones específicas asociados con trastornos de estrés (16,9%, 27,6%, 43,1%, 15,5 años), trastornos por uso de sustancias o conductas adictivas (2,9%, 15,2%, 48,8%, 19,5 años), trastornos del espectro de la esquizofrenia o estados psicóticos primarios (3%, 12,3%, 47,8%, 20,5 años), trastornos de la personalidad o rasgos relacionados (1,9%, 9,6%, 47,7%, 20,5 años) y trastornos del estado de ánimo (2,5%, 11,5%, 34,5%, 20,5 años).

Y tras señalar que “no surgieron diferencias significativas por sexo o definición de edad de inicio”, los especialistas resaltaron que “estos resultados informan el momento de una buena promoción, prevención e intervención temprana de la salud mental”.

En ese sentido, en la misiva publicada en The BMJ los líderes señalaban que incluso antes de la pandemia por COVID-19, los adolescentes y adultos jóvenes enfrentaban “muchos desafíos para su bienestar, incluida la injusticia social y las desigualdades, una salud mental inadecuada y una crisis de conexión con la familia, la comunidad y la sociedad, con un número cada vez mayor de personas que viven en las calles o abandonan la escuela”.

Incluso, entre los adolescentes y los adultos jóvenes que están empleados, una proporción cada vez mayor tiene una seguridad laboral deficiente, ingresos semanales variables y una cobertura de salud o seguridad social mínima o nula, añadieron, al tiempo que destacaron que “la asistencia para el desarrollo para la salud de los adolescentes representó solo el 1,6% de la asistencia para el desarrollo total para la salud entre 2003 y 2015, a pesar de que un tercio de la carga mundial total de morbilidad que se estima tiene sus raíces en la adolescencia”.

Durante el año pasado se suspendieron las escuelas en 188 países, según la UNESCO. Más del 90% de los alumnos matriculados (1,5 mil millones de jóvenes) en todo el mundo no recibieron su esquema completo de educación. La Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, advirtió que “la escala mundial y la velocidad de la actual interrupción de la educación no tienen paralelo”.

Para los niños y adolescentes con necesidades de salud mental, estos cierres significan una falta de acceso a los recursos que suelen tener a través de las escuelas.

En una encuesta realizada por la organización benéfica de salud mental YoungMinds, que incluyó a 2111 participantes de hasta 25 años con antecedentes de enfermedad mental en el Reino Unido, el 83% dijo que la pandemia había empeorado sus condiciones. El 26% dijo que no podía acceder al apoyo de salud mental; se cancelaron los grupos de apoyo entre pares y los servicios presenciales, y el apoyo por teléfono o en línea puede ser un desafío para algunos jóvenes.

Según resaltó el metaanálisis publicado en Nature, “las personas con trastornos mentales tienen una esperanza de vida reducida de 10 a 15 años en comparación con la población general”, por lo que “las intervenciones tempranas en la primera aparición de los trastornos mentales pueden mejorar varios resultados”.

“La prevención primaria indicada en aquellos con alto riesgo clínico tiene el potencial de alterar el curso del trastorno y mejorar los resultados -concluyeron-. Los enfoques preventivos incluyen programas de detección en personas asintomáticas que tienen factores de riesgo importantes para ciertos trastornos psiquiátricos o campañas de salud pública en la población general. Otro enfoque complementario es promover una buena salud mental, en lugar de prevenir los trastornos mentales”.

Fuente: infobae

Editor

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