El doloroso silencio del Papa sobre Putin. Opinión

Actualidad 23 de marzo de 2022 Por Editor
Dicen que Francisco quiere reservarse para mediar. Pero tiene una visible cercanía con el zar ruso. Por Ricardo Roa

Cuesta encontrar una explicación a la actitud del Papa frente a la masacre en Ucrania. Se va a cumplir un mes y la guerra despareja apila muertos y destrucción. Pero Bergoglio sigue evitando condenar a Rusia y a Putin. Para él, no son responsables. No hay muchos en el mundo que piensen lo mismo, sino todo lo contrario.

Hasta este sábado, unos mil civiles habían muerto por los bombardeos rusos, incluidos alrededor de 70 niños. Son datos de Naciones Unidas. Otras cifras de la tragedia: diez millones de ucranianos debieron dejar sus hogares y 3,5 millones huir a países vecinos, el mayor flujo de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La rara o más bien rarísima omisión papal tiene sus explicadores, que más que explicar buscan justificar. ¿Qué dicen? Que Francisco no ha nombrado ni una vez a Putin ni a Rusia porque quiere reservarse para ser facilitador de negociaciones, algo que intenta y no ha logrado. En diplomacia, facilitador es una categoría menor a mediador y mucho menos riesgosa políticamente.

Con las palabras se puede justificar que omita (y omitir no es un olvido, sino un acto deliberado) a los agresores de esta guerra anacrónica y colonial, que descarga misiles de última generación contra casas, hospitales, escuelas y shoppings. Contra gente común. El Papa que habla tupido, no dice lo más simple: hay un invasor y un invadido, aunque condenó varias veces la matanza y mandó mensajes y emisarios a Moscú y a Kiev. Sonó y suena a muy pobre lo que hizo en los hechos: convocar a una jornada de ayuno y de oraciones por las víctimas. Y eso se ve en los resultados.

Toda su audacia consistió en dos gestos. Uno: correrse quince minutos hasta la embajada rusa en el Vaticano, que está a cien metros de la plaza San Pedro, en el mismo edificio que la de Argentina. Los papas nunca visitan sedes diplomáticas. Y el otro gesto, sólo perceptible para entendidos: rechazó el argumento ruso de que todo lo que hay en Ucrania son “operaciones militares especiales”. Putin no llama guerra a lo que es guerra. Es el relato oficial del Kremlin para negar la invasión evidente y los crímenes de guerra igualmente evidentes.

Un personaje clave para entender el increíble silencio de Bergoglio con Putin es Kirill, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que llama a Putin nada menos que “un milagro de Dios”. Francisco está empeñado en acercar ambas iglesias y en 2016 se reunió con Kirill en La Habana. Moscú rivaliza con Constantinopla como centro del poder ortodoxo y sufrió un golpe cuando la Iglesia Ortodoxa de Ucrania se independizó de la rusa en 2019.

Kirill ha sido el intermediario de Putin con Bergoglio. El Papa lo recibió tres veces, más que a cualquier presidente europeo. La primera, en 2013: Francisco y Putin pidieron a Estados Unidos que no actuara militarmente en Siria. Después, tras la anexión rusa de Crimea que Kirill festejó y la última en 2019.

Si hubiera que decirlo en dos palabras, Kirill y Putin comparten un nacionalismo que le ganó a la religión: reivindican el imperio y la necesidad de convertir a Rusia en un gran centro político contra el liberalismo occidental de las democracias. Kirill consagró una catedral para las fuerzas armadas, que construyó Putin para celebrar el poderío militar.

Seguro es mucho pedir que el Papa vaya a Kiev para frenar la masacre, como plantea desesperadamente Ucrania. Pero es muy poco que no diga nada sobre la guerra de Putin.

Clarin

Editor

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