“Debí haber muerto en 2010, pero seguí viva sólo para padecer”: la dramática carta de una mujer que deseaba dejar de sufrir

General 01 de julio de 2021 Por Editor
En 2010, a Mónica Vega le detectaron un tumor cerebral y le diagnosticaron “un par de meses de vida”. Se repuso, pero cuatro años más tarde un ACV la postró. Deteriorada, intentó quitarse la vida y dejó - de puño y letra- la prueba del su agonía. El año pasado falleció. En diálogo con Infobae, uno de sus hijos compartió el escrito y se suma al pedido por la Ley de Eutanasia en Argentina

El sobre estaba dentro de un ropero, a nombre de Denis Rinaldi Vega y tenía instrucciones de abrirse una vez que Mónica Vega, su madre, estuviera muerta. Para asegurarse de que su hijo lo recibiera sí o sí, la mujer también le había dejado una copia a una amiga de la familia.

Mónica falleció el 22 de abril de 2020, a los 58 años, luego de que un ACV la dejó postrada en una cama. Denis, recién pudo leer la carta ocho meses después, cuando logró viajar desde Capital Federal a Salta, provincia donde nació y donde vive toda su familia.

 
“(...) Si estás leyendo estas líneas es porque me morí, es lo mejor para todos. Ya no tendrás que pensar en qué será lo próximo que me pase ni tendrás que pensar en que estoy lejos y no puedes velar por mí. Basta de preocupaciones por tu mamá (...)”, arrancaba Mónica en una de las cartas que da cuenta del sufrimiento inútil e injusto que atravesó durante los últimos años de su vida.

“(...) Debí haber muerto en marzo de 2010, pero seguí viva sólo para padecer y peor desde septiembre de 2014 cuando me dio el ACV. Sí que es aguantador de cagadas este miserable cuerpo (...)”, escribió la mujer con letra de imprenta. En esas hojas de cuaderno rayadas, que usó para volcar su angustia, Mónica también expresa que intentó quitarse la vida. La forma en que quiso hacerlo y cuándo siguen siendo un gran misterio para sus tres hijos, porque las cartas no están fechadas.

Denis dice que le llevó tiempo entender por qué su madre quería dejar de vivir. Hasta que un día hizo “el click”. “Cuando uno tiene el deseo de morir, como le pasaba a mi mamá, en realidad es un profundo amor a la vida y un deseo de quedarse viviendo, pero viviendo bien, sin sufrir, sin dolor”, asegura el joven.

En charla con Infobae, el salteño de 33 años, se dispone a repasar lo que padeció su madre y reflexiona acerca de la necesidad de que se sancione la Ley de Eutanasia en Argentina.

EL GOLPE INICIAL

Hasta el 2009, Mónica Vega llevaba una vida social y laboral activa. Después de terminar un matrimonio de más de dos décadas, la mujer de 48 años, repartía sus días entre el trabajo y las amigas; más adelante se sumarían sus tres nietos: Enzo, Oriana y Madai.

Las primeras “pistas” acerca de que su salud no estaba bien llegaron en diciembre de ese año. “En ese momento ella estaba trabajando en un almacén y se le caían las cosas de las manos. No podía levantar peso, tenía mareos y dolores de cabeza fuertes”, explica Denis.

El detonante fue el 31 de diciembre. “Habíamos ido a recibir el año nuevo a un punto panorámico de Salta donde, después de las doce, se ven los fuegos artificiales. Llevamos sanguchitos, pero ella no quiso comer nada. Se sentía mal. Al día siguiente fuimos a ver a un neurólogo que la mandó a hacer una tomografía de urgencia”, recuerda su hijo.

El diagnóstico fue lapidario: “El neurólogo la miró y le dijo: ‘Usted tiene un tumor en el cerebro. Le quedan tres o cuatro meses de vida, así que ponga sus cosas en orden y despídase’”.

Al “shock” inicial, dice Denis, le siguieron días de incertidumbre y de mucho miedo. Finalmente, después de varias interconsultas, a Mónica la operaron y le sacaron “buena parte del tumor”. Radioterapia mediante, la mujer logró darle batalla al cáncer. “Ella siempre fue muy luchadora. Enfrentó todo ese proceso con un optimismo gigante y una entereza tremenda. Nunca se dejó aplastar por la sensación de que le quedaba poco tiempo de vida”, apunta su hijo.

La recuperación fue lenta pero progresiva. Con el tiempo, Mónica pudo volver a caminar y retomar sus actividades, incluso las laborales.

UN REVÉS INESPERADO

Tras superar el tumor cerebral, en 2014 Mónica tuvo un ACV. De ahí en adelante, dice su hijo, su madre comenzó a deteriorarse física y psíquicamente.

“Cuando vió que su panorama era irreversible y que su condición era cada vez peor, empezó a transmitirnos a mí y a mis hermanos su deseo de morir antes de terminar exactamente cómo terminó: postrada en una cama, absolutamente inmóvil, con incontinencia severa, atormentada por dolores atroces, con todo el cuerpo lastimado por las escaras, incapaz de comunicarse y con un daño neurológico tan grande que casi no podía reconocernos”, cuenta Denis.

“Como mi hermano mayor vive el exterior y yo en Capital Federal, la que se cargó la situación al hombro fue mi hermana menor, que vive en Salta. Mamá me llamaba por teléfono y todos los días me decía lo mismo: ‘Así yo no quiero seguir viviendo’. Todos los días durante años. No exagero. Al principio me generaba un rechazo tremendo. Uno siempre quiere que quien ama viva y que esté en este plano la mayor cantidad de tiempo posible. Entonces le decía: ‘Dale, Ma. Con fuerza vas a salir adelante’. Hasta que un día, no me preguntes cuándo ni por qué, hice el ‘click’”, dice Denis en referencia al momento en que realmente entendió lo que le pasaba a su mamá y su necesidad de dejar de vivir en ese estado.

“Mi vieja lloraba cada vez que nosotros le dábamos de comer o cada vez que la obligábamos a tomar agua. Lloraba porque no podía alimentarse por sus propios medios y porque, en el fondo, ya no quería ni comer. En pos de respetar su voluntad, lo que hicimos fue no darle cosas que le ayudaran a prolongar la vida. La cuidamos, la atendimos, estuvimos a su lado, pero si no quería hidratarse o alimentarse, no la obligábamos”, cuenta el joven.

EL ADIÓS DESPUÉS DEL ADIÓS

El 22 de abril de 2020 Denis cumplió 33 años. Confinado en su departamento de Capital Federal, sin chances de viajar a Salta a causa de la pandemia, el joven improvisó un festejo íntimo junto a su pareja.

“¿Viste esa costumbre que uno tiene de pedir tres deseos cuando sopla la vela? Bueno, yo hacía años que pedía que mi vieja se muera”, cuenta. Su tono de voz es firme y, rápidamente, se anticipa a la repregunta. “Es muy difícil desear una cosa así. En lo personal me costó mucho reconciliarme con el sentimiento de querer que mi mamá se muera. Pero la primera en desearlo era ella”, dice.

Media hora después de que su novia le cantara el “Feliz Cumpleaños”, a Denis le sonó el celular. Su hermana, Marianela, lo llamaba desde Salta para avisarle que su madre había fallecido.

Meses después, mientras hacía una limpieza en uno de los roperos de Mónica, Marianela encontró un sobre con seis cartas escritas de puño y letra de su madre: tres eran para sus hijos y tres para sus nietos, que serán entregadas -como pidió ella- cuando sean mayores de edad.

“Leer todo eso fue súper doloroso. Mamá escribió todo eso en uno de sus peores momentos, en una depresión terrible y un padecimiento que no llega a expresar en palabras”, apunta Denis. Como las cartas no tienen fecha, por su contenido y por el deterioro que Mónica sufrió durante los últimos dos años de vida, los hermanos Rinaldi Vega creen que las redactó luego del ACV que tuvo en 2014 y antes del 2018, cuando ya no podía moverse.

Fuente: PorFlorencia Illbele para Infobae

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