¿Puede una persona no tener voz interna? : el nuevo reto de la psicología

General 30 de junio de 2021 Por Editor
Cuántas veces te habrán dicho que escuches tu interior, y cuántas veces le habrás pedido que se calle.

La vocecita de nuestra cabeza nos acompaña siempre, recordándonos que también vivimos hacia dentro.

Como si el interior del cuerpo humano fuese un inmenso rellano de vecinos que nos habitan: tenemos tertulia asegurada a cualquier hora y en cualquier momento con nosotros mismos. Su importancia es clave en la psicología, pero sin embargo todavía se conoce muy poco sobre ella.

Durante mucho tiempo, se ha asumido que el habla interna era algo natural e intrínseco al ser humano. Pero la realidad es que no todas las personas procesan la vida en palabras y oraciones. Se trata de una nueva base científica desde la que están trabajando en la actualidad profesionales como Hélène Lœvenbruck, investigadora senior de neurolingüística y jefa del equipo de lenguaje en el Laboratorio de Psicología y Neuroconocimiento en CNRS, el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia. Según afirma Lœvenbruck en Live Science, la voz interior puede tener tonos concretos: por ejemplo, puede "sonar" enfadada o preocupada.

Esto es lo que investigaciones hasta la fecha han demostrado, también en niños de entre 5 y 7 años, comprobando que ya a temprana edad pueden dialogar con su mente. Algunos estudios sugieren incluso que ya desde los 18 a los 21 meses de edad puede existir alguna forma de fonética interior. 

¿Monólogo o diálogo?
Uno de esos estudios es precisamente la investigación que Lœvenbruck dirigió en 2019, cuyos resultados se publicaron en la revista Frontiers in Psychology. Este clasifica y analiza los monólogos internos según tres dimensiones. La primera de ella ya abre nuevos horizontes para otros estudios y debates al respecto: se trata de la dimensión dialógica, que recoge que los seres humanos pueden tener un discurso interno tan complejo como cualquier discurso con otra persona, porque el habla de la mente puede incluir razonamientos y hasta varios puntos de vista. Por ello la comunidad científica discute si se puede denominar monólogo a todo discurso interno. A partir de estas premisas, la primera dimensión mide, por tanto, si una persona está pensando en forma de monólogo o de diálogo.

La segunda dimensión es la condensación, es decir, cómo de detallado puede llegar a ser el habla interior. Porque las personas pueden pensar en palabras o fragmentos, pero a veces pueden hacerlo en oraciones y párrafos completos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando alguien se prepara para dar un discurso o, más a menudo, antes de una conversación cualquiera.

La tercera dimensión es la intencionalidad. Esta variable interpela directamente a la conciencia (y, por ende, al subconsciente). Por razones aún desconocidas, a veces la voz interna comienza a hablar y deriva hacia temas completamente aleatorios y aparentemente inconexos, como si conversáramos con otra persona. De manera que, en este caso, la hipótesis nace de la pregunta: ¿Está participando diálogo interior a propósito?

Cuando la mente no conversa
Sin embargo, más allá de todas las incógnitas que plantean estas dimensiones, existe la posibilidad de que la narrativa sea visual, de que la mente converse mediante imágenes. Como recoge el mencionado portal citando a Lœvenbruck, la suposición de que todas las personas se comunican consigo mismas a través de palabras condujo históricamente al error de sostener todas las teorías al respecto en estudios en los que los participantes expresaban sus pensamientos en palabras, “incluso si no pensaban exactamente en palabras”. No fue hasta finales de la década de 1990 cuando la psicología descubrió que hay personas que no procesan el mundo siguiendo una narrativa textual, sino puramente visual, o generando sensaciones, pero no una voz ni palabras. Pero, ¿puede el ser humano no tener voz interior? Así lo constató entonces una investigación dirigida por Russell Hurlburt, psicólogo de la Universidad de Nevada, Las Vegas.

De hecho, la ausencia de una voz interior que nos replique constantemente podría ser hermana de otra ausencia: la afantasía o "ceguera del ojo de la mente", como se le conoce comunmente. Se trata de una condición por la que las personas no experimentan visualizaciones en su mente; es decir, no pueden imaginar rostros conocidos, lugares u objetos con claridad. Es por ello que no es extraño que quien no puede generar imágenes en su mente tampoco puede generar una voz clara.

El objetivo que marcan en la actualidad profesionales como Lœvenbruck es ampliar el foco de la investigación de los procesos de pensamiento, teniendo en cuenta que no existe un patrón claro ni determinado. Un camino que podría regenerar la educación tal y como la conocemos hasta ahora.

Fuente: El confidencial

Editor

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