“Desde que tuve cáncer he cambiado la palabra felicidad por satisfacción”

General 30 de junio de 2021 Por Editor
Aceptar la realidad desde su imperfección y marcarse propósitos de vida cotidianos es una de las fórmulas más probables para alcanzarla

La búsqueda de la felicidad, un concepto tan extendido que suena hasta manido. Pero alcanzar este “estado de grata satisfacción espiritual y física” (según la RAE) en el primer mundo es complicado. ROCÍO NAVARRO MACÍAS

Por qué si no, los niveles de insatisfacción, frustración y ansiedad alcanzan niveles récord en España (y otros muchos países vecinos). Ana Cardona era una de las tantas españolas que se pasaban la vida persiguiendo sueños para tocar la emoción más codiciada de todas. Fue misionera en la obra de la Madre Teresa de Calcuta, se sacó la carrera de psicología con la que trabajó como orientadora, lo dejó todo para emprender un negocio de arte y luego retomar la psicología. 

 “Sueños cumplidos y abandonados por no encontrar en ellos la felicidad” , comparte la psicóloga en su libro Mi Único Sí, Aprendizajes de un cáncer (Desclée de Brower, 2021). A Ana le costó un cáncer de pecho triple negativo en estado avanzado para entender que no se trata de acumular objetivos, tampoco de la ilusoria idea de vivir en un placer constante, pero sí de aceptar la vida tal cual es. También para aprender que suelen ser las experiencias cotidianas las que ayudan construir una experiencia vital satisfactoria. Este es su testimonio.

- ¿A quién va dirigido Mi único sí?

Escribí pensando en las personas que bien porque atraviesan situaciones adversas o por sus propias características personales (como que sean negativas, …) no son capaces de darse cuenta de lo bueno que tiene la vida. Realmente no pensé en las personas con cáncer, lo que no quiere decir que no les vaya a ayudar a ellas, por supuesto que sí, Pero es verdad que cuando estuve con cáncer no quería saber nada del tema, por eso quizá no he pensado en ellos. Lo hice teniendo en cuenta la gente que tiene toda la vida por delante y la está viendo pasar.

- ¿Piensas que vivimos en la búsqueda de una felicidad ficticia?

La sociedad es muy exigente con la felicidad. Como lo tenemos todo, por lo menos quienes tenemos la suerte de vivir en el primer mundo. A veces, le pedimos a la vida mucho y eso puede llegar a ser una fuente de insatisfacción. Es necesario saber ajustar las expectativas. Eso es muy importante.

- En el libro hablas de la consecución de metas personales y que esto no estaba directamente relacionado con la felicidad, ¿por qué ocurre este fenómeno?

Desde la sociedad, el mensaje que se lanza es “busca tus sueños”. Algo que está muy bien, pero creo que es un mensaje incompleto. El sueño, lo consigas o no, se da en un marco de realidad y la vida real es imperfecta. Es importante que lo sepamos porque parece que cuando se alcanza un sueño las circunstancias personales pasan a ser perfectas y esto no es verdad.

- ¿Desde qué perspectiva deberíamos buscar la felicidad para que sea saludable en nuestra vida?

Desde que tuve cáncer he cambiado la palabra felicidad por satisfacción. De hecho, la felicidad de repente me rechina. Me gusta más la idea de vivir una vida satisfactoria, creo que está más ajustada. Existen muchos momentos en la vida que son satisfactorios y otros que no. Vivir la experiencia completa como algo natural es lo que más nos puede ayudar. También, el hecho de tomar conciencia de ello y aceptar que hay momentos que no son satisfactorios, pero otros que sí y parece que no nos damos cuenta.

- ¿Podrías por favor compartir alguna técnica para que quienes viven en la insatisfacción puedan detectar los buenos momentos?

En un momento dado, en el libro indico: “¿Te has dado cuenta del lugar donde estás sentado leyendo este libro? Levanta la vista y observa que esa es tu realidad y que está bien. Quizá ser consciente de lo que uno tiene en cada momento y aceptarlo es la clave. No sé si es una técnica, pero funciona. Vamos por la calle sumidos en un diálogo interno sobre lo que tenemos que hacer, lo que ansiamos conseguir … No. Párate y mira lo que tienes alrededor, busca la belleza donde estés porque seguro que la hay.

- Existe una tendencia a esconder todo lo que no nos es agradable como la tristeza, la ansiedad, la preocupación…, ¿es necesario mejorar la educación emocional para afrontarlas?

Esas emociones son funcionales, aparecen por algo y hay que darles el espacio que necesitan. La tristeza, por ejemplo, surge cuando se tiene la sensación de que se ha perdido algo o ha sido robado algo. Por ejemplo, cuando un niño pierde una canica llora. Es necesario vivirlas, porque así es como se superan. Si no se permite, la emoción se atasca. Es mucho mejor llorar cinco minutos o dos días o seis meses, dependiendo de la magnitud de lo ocurrido, que bloquearla. Hay que darles el espacio y validarlas. Por ejemplo, una emoción que está mal vistas es el enfado, no se nos permite y es necesario.

- En el libro comentas que tras el duro proceso de la enfermedad te has quitado muchos filtros. ¿Tendemos a ser políticamente correctos y bloqueamos como realmente somos?

Es cierto que a una persona con cáncer se le permite hacer y decir más cosas que una que no lo tiene. Lo digo desde la vivencia de una persona enferma. En un momento dado, expresaba lo que yo consideraba verdades y se me permitía. Es más, hubo gente que incluso me decía: “tienes razón”. Sin embargo, cuando pasó la enfermedad y continué expresando lo que sentía, pero ya no gustaba tanto. Resulta que no se puede vivir sin filtros tan fácilmente. La gente se pone a la defensiva y he tenido que ajustar un poco mi discurso, volver a poner algunos filtros, pero siendo consciente de que los estoy utilizando. Lo importante es no entrar en el autoengaño y tomar decisiones. Es decir, si hay una persona que actúa de una forma que no te gusta, es importante aceptar que quizá ya no te aporta tanto. Pero considero que no es necesario pelearse con nadie.

- Hablas también de cómo los propósitos vitales cotidianos, ¿crees que pueden alcanzar la satisfacción y el agradecimiento hacia la vida?

Querer mejorar ayuda, pero no se trata solo de perseguir los sueños, aunque no tengo nada en contra de ellos. Estos propósitos más cotidianos, que pueden ser pequeños o grandes (siempre desde la realidad y paso a paso), nos ayudan a mejorar. Intentar hacer algo bueno por los demás nos ayuda a vivir mejor y más satisfactoriamente. En este sentido, he decidido, contribuir desde mis posibilidades, a la lucha contra el cáncer, donando parte de los derechos de autor del libro a la organización CRIS, dedicada a la investigación de esta enfermedad.

- Quienes no sepan identificar estos propósitos cotidianos, ¿cómo pueden aprender a establecerlos?

Uno de los ejercicios que propongo en el libro es escribir las cinco cosas más importantes de tu vida. La familia suele estar casi siempre, pero depende de las preferencias de la persona. A partir de ahí, preguntarse : ¿Qué te gustaría hacer con ellos? ¿Cuánto tiempo de tu vida quieres dedicarle a estos propósitos? ¿Cuánto tiempo les dedicas realmente? ¿Qué cambios puedes integrar para que sean una prioridad real?”.

- También hablas sobre la tiranía de la felicidad potencial (podría ser tan feliz si…) ¿cómo se puede limitar su efecto?

Parece que lo podemos hacer todo, pero no es cierto. Uno de los mensajes del libro es que mantenerse dentro de la realidad ayuda mucho. Pero es difícil porque parece que ser realista significa ser negativo y no es así. La realidad tiene cosas buenas y cosas que no lo son. Por ejemplo, puede que quiera dar la vuelta al mundo, pero que no tenga dinero. En esta situación hay que preguntarse: ¿qué puedo hacer con el dinero que tengo? Y disfrutar de lo que esté dentro de mis posibilidades, porque es lo único que puedo permitirme. La tiranía de la felicidad es la sensación de que si no haces todo lo que se puede hacer, te estás perdiendo algo. En RRSS, por ejemplo, la gente aparece experimentando “supuestamente” todas esas cosas y muchas veces es una pose. Hay que preguntarse ¿qué quieres posar o vivir?

- Darte cuenta del valor del día a día a partir de este muro de la enfermedad

Decidí escribir el libro en la tercera quimioterapia, estaba sentada en mi casa y pensé que realmente no sabía si me iba a curar. Entonces me di cuenta de que el miedo a la muerte no tiene nada que ver con el miedo a todas las consecuencias de la vida y las vivimos como si fuesen lo peor (que te despidan, por ejemplo). No, morirte sí que es horroroso. Para mí eso fue tan fuerte. Después me he vuelto a agobiar con cosas banales, pero cuando vuelvo a entrar en una espiral, me digo que eso solo es trabajo. A veces nos dejamos llevar por el miedo y, normalmente, suele ser irreal. Las cosas, en general, tienen solución (aunque hay algunas que no, por desgracia). Esto me hizo enfrentarme claramente a que podía no salir bien. 

Fuente: La Vanguardia

Editor

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