Su madre lo abandonó al nacer y triunfó después de diez fracasos: “Gané mi primer millón arreglando baños”

General 20 de agosto de 2022 Por Editor
Nicolás Lazovich tiene 24 años fue criado por su padre y su abuela, a quienes considera sus grandes ejemplos. Gracias a una beca pudo estudiar abogacía en la Universidad Di Tella y presidió su “Club de Emprendedores”. Intentó con varios proyectos hasta que triunfó con uno vinculado a la construcción. Elige quedarse en el país: “La crisis es ahora, pero pasará” Por Marisol San Román

El exitoso emprendedor Nicolas Lazovich, a sus 24 años, asegura: "Cualquier persona puede ser emprendedor, arrancar de cero, lo único que importa es la actitud de querer hacer un cambio y empezar por uno."
“El momento más feliz de mi vida fue cuando gané mi primer millón de pesos al terminar una remodelación”, asegura Nicolás Lazovich.

El joven nacido en Villa Devoto tiene 24 años, es abogado de la Universidad Torcuato Di Tella, escribió un libro, dio una charla Tedx y armó una pequeña constructora luego intentar salir adelante de mil maneras y acertar con la refacción de baños. Su historia, sin embargo, no se forjó desde una cuna de oro, sino que comenzó con un profundo dolor: “Nuestra madre biológica nos abandonó cuando nacimos, y tuve la suerte de tener a mi papá, Marcelo, que se puso a la familia sobre los hombros”.

El recuerdo se vuelve agrio, aunque haya logrado transformar las carencias en una enorme fuerza interior: “Todo en mi infancia fue muy complicado. Imagínate a mi papá solo con tres chicos, en una sociedad que por lo general solo acepta que te críe una mujer. A pesar de eso, nunca sentí la falta de una madre. Siempre tuve a mi abuela Olga, que para mi fue mi verdadera mamá”, afirma. Aquella mujer se mudó desde Necochea para ayudarlos en la crianza.  

Nicolas tiene dos hermanas mellizas y los tres fueron criador por su padre cuando su madre los abandono al nacer. “Todo en mi infancia fue ultra mega complicado, imagínate a Marcelo solo con tres chicos. En una sociedad por lo general solo acepta que te crie la una madre. Nunca sentí la falta de una madre, porque siempre tuve a mi abuela Olga”, agrega
 
Desde que tiene memoria, Nicolás buscó ganar su propio dinero. Recuerda su adolescencia haciendo “changas” en el barrio: desde pasear perros hasta lavar autos, todo lo que lo ayudaba a tener sus ingresos era bienvenido. A los 17 años invirtió sus ahorros en su primer emprendimiento. Mientras que sus compañeros pensaban en disfrutar del viaje de egresados en Bariloche, él quería vender cuellos polares de ski. La iniciativa duró un año, y a pesar de haber vendido más de mil unidades, terminó en decepción. “No había calculado los costos que tenía y me fue muy mal”, comenta. Fue la primera vez que lo perdió todo, pero en vez de deprimirse y bajar los brazos anotó cada una de las lecciones en un cuaderno, que fue la base de su primer libro.

“Empecé a poner en práctica todas las ideas que tenía y las transformé en proyectos, pero fracasé en todo. Nunca me había ido bien en nada de lo que intentaba hacer. Aunque siempre continuaba firme y sin pausa”, comenta, y se ríe al enumerar cada uno de los sinsabores que lo llevaron a conocer en profundidad la derrota. De todas formas, siguió experimentando con sus propios negocios: fabricó llaveros, hizo impresión de stickers, reparó muebles y hasta vendió autos usados. Pero el dinero grande lo hizo remodelando baños en 10 días. “Estoy contento de poder dar trabajo en esta situación económica. Me considero un ser cuya misión es crear un impacto positivo en la vida del resto y lo logré haciendo negocios”, afirma.


Nicolas junto a su padre Marcelo. Para él, su mayor inspiración. "Mi papa me trasmitió las enseñanzas, primero hay que escuchar para después delegar", asegura

Al mismo tiempo, comenzó su carrera académica con un 20% de beca en la Universidad Torcuato Di Tella. “Me gusta hacer de todo, por eso elegí estudiar abogacía. Lo veo como una herramienta que te permite abarcar muchas áreas. Incluso me empecé a interesar por el mundo de la construcción con temas legales cómo las intermediaciones de compra-venta de terrenos o los contratos de alquileres”, explica.

Durante su formación fue el presidente del club “Di Tella Emprende’' (un grupo de alumnos que organizan debates y charlas sobre la actualidad empresarial). Aprovechó ese espacio para trabar amistades y tener una agenda propia de contactos. Recuerda su evento favorito, que sin dudas fue la charla que organizó con el peluquero Beto Prana, quien salió de la pobreza gracias a su cadena de peluquerías. Y asegura que los cinco años de la carrera los aprovechó para jugar a ser empresario. “Cuando empecé la facultad me di cuenta que era un adulto sin responsabilidades. Pero pude cometer errores y ponerme de pie rápido. Sé que tengo mucha energía, y de tantas veces que me frustré perdí el miedo”, concluye.


Nicolas Lazovich a sus 23 años al recibirse de abogado por la Universidad Torcuato Di Tella. "Para gastar sin ver la cuenta hay que trabajar sin ver el reloj", dice el emprendedor

Hay algo en él que lo define: no es un abogado tradicional de los que utilizan saco y corbata. Nicolás prefiere combinar su reloj suizo con unos borcegos que se llenan de tierra en las obras. En 2016 realizó una charla en Tedx sobre la importancia de empoderar a los jóvenes apoyando sus emprendimientos. La misma terminó con la frase que más repite en su vida: “No hay que estar listo para actuar, hay que actuar para estar listo”.

Cuando cumplió 20 años resumió sus lecciones sobre negocios en un libro que llamó “Método PREA”. Imprimió 55 copias: todas numeradas y firmadas por él. Fiel a su estilo, las donó a quienes sentía que querían cumplir sus sueños y no tenían herramientas para lograrlo. “Creo que en la vida todo pasa por algo. Le regalé mi libro a personas que querían progresar y me crucé en sus caminos. Siempre sentí que podía ayudar a los demás con mi experiencia”, agrega.


Desde que tiene 15 años que todos los días lee al menos una hora por día. Con todo el conocimiento que adquirio en libros de negocios, a sus 18 años escribrió su primera obra "Metodo PROA" para todos los jóvenes que quieran emprender

Hoy, su día comienza a las 6 de la mañana con un mantra que repite apenas abre los ojos: “agradezco este día con amor en el corazón”, frase que aprendió de su abuela Olga. Tampoco olvida las enseñanzas de su padre, que son su guía: “La disciplina nace de ver a papá. Tengo el recuerdo de verlo todos los días, a las seis de la mañana, cuando se iba a trabajar a una fábrica y pasaba por el cuarto a darnos un beso y desearnos un hermoso día. Siempre estaba con una enorme sonrisa en el rostro, sin importar lo que esté ocurriendo”.

Para el abogado y constructor, “un emprendedor no es alguien que hace una empresa, sino quién está en movimiento y busca la manera distinta de resolver un problema. Se trata de una persona que no espera la oportunidad perfecta para hacer algo, sino que actúa. Esto abarca desde dar una opinión propia en una conversación incómoda hasta ir a vender un producto”. Para él, cualquier persona puede emprender y arrancar de cero. “Lo único que importa es la actitud de querer hacer un cambio y empezar por uno, sin que importe tanto donde te encuentres”.

En cuanto a la situación económica, el abogado toma partido: “Me quiero quedar en mi país, aunque entiendo a los que se van al exterior. Argentina siempre aparenta ser un desorden, pero tiene muchos recursos explotables. La crisis es ahora. Pero pasará. Un día se va a dar vuelta la situación, y yo quiero ser el protagonista de esa transformación. Por eso elegí quedarme a emprender en mi patria”, asegura.

Mientras otros preparan las valijas, Nicolás se prepara para visitar una obra. “Arranqué haciendo baños, que es lo que nadie quiere arreglar y donde siempre hay problemas”, y amplía su explicación: “En el medio de la crisis vi un nicho que eran las remodelaciones, cuando todo se venía abajo y los precios eran disparatados. Es importante ser rápido y cumplir con la palabra, además de tener la actitud de trabajar de lunes a lunes. Todo eso hizo que me pusiera la meta de ganar dinero, armar una nueva empresa y ponerme a construir”.


La iniciativa nació, en realidad, como un último trabajo para la Universidad. Armó una pequeña constructora con la idea de poner en condiciones baños en el plazo de 10 días, e invirtió en una página web con forma de proyecto piloto. “No soy arquitecto ni plomero, pero puse un plazo de ejecución rápido y un precio mucho menor que el resto. Y los clientes llegaron con la inversión en publicidad digital”, señala. El joven asegura que comenzó realizando tres obras al mes, y que en un año alcanzó las 50 remodelaciones. “Mi viejo siempre me inculcó que no importa lo que hagas, tenes que hacer todo; desde lavar los pisos hasta quedarte después de hora. Los baños son algo que uno le presta atención una vez que ya tiene un problema enorme”, explica.

A la hora de realizar una remodelación, Nicolás contrata a dos empleados si se trata de un baño o a un grupo de cinco si se trata de una casa. “Los diseños los hago inspirándome en Pinterest y armo lo que la persona sueña”, comenta. “Un cliente fue a Misiones y al volver quería el mismo baño que usó en un hotel. Se lo prometí y lo resolví. Conseguí una amatista de más de 80 kilos que la hice traer desde allá con un amigo. Lo más difícil fue hacer el corte. En definitiva, esto nos muestra que tenemos que estar a la altura de poder cumplir todo lo que nuestro cliente desee por más imposible que nos parezca en el momento”, comenta.

También cumple, para darle dinámica a su modelo de negocios, con ciertas reglas de oro. Desde los 18 años, por ejemplo, le pregunta cada persona que se cruza en qué puede ayudarlo. “Me acostumbré a buscar a la persona adecuada para resolver cualquier problema, ya sea para vender un auto o conseguir un amigo para compartir un alquiler. Tenemos que pensar que todo se puede solucionar y ver qué respuesta damos a eso, sin importar la edad que tengamos: nada nos limita más que nuestros pensamientos”.


“No soy arquitecto ni plomero y me hice millonario remodelando baños”, asegura el emprendedor

Otra es “tomar un café” cada semana con alguien que no conozca. “Estoy seguro de que somos el subproducto de las personas que nos rodean. Por eso me empecé a juntar con gente 20 años más grande que yo, para aprender de ellos. Yo caía a los eventos donde hablaban y les pedía la reunión. Invité a tomar un café a todas las personas de las cuales quise aprender algo. De esta manera, en la universidad generé una red de contactos que ahora son socios, proveedores y posibles proyectos a futuro”, comenta.

A los 23 años logró ver en sus manos su primer millón de pesos. “El día que llegué a esa cifra me di cuenta que podía lograr un sueldo varias veces más alto que lo que me pagarían en un estudio de abogacía. Y que todo lo que había hecho hasta ese momento cobraba sentido: las veces que fracasé me dejaron una lección que me sirvió para mi emprendimiento actual”, asegura.

De los baños pasó a la remodelación completa de una casa, y ya planifica la construcción de su primer edificio. Pero en medio de su vorágine, ambición y felicidad, una espina sigue clavada: “Me hubiese gustado que mi madre biológica vea todo lo que logré desde que me abandonó”.

Infobae

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