Millonario con 10 dólares. La increíble historia del joven que salió de la pobreza vendiendo sándwiches, pero las multas lo volvieron a quebrar

General 06 de abril de 2021 Por Editor
No tenía más resto. Las deudas lo agobiaban. Con los últimos pesos en el bolsillo compró fiambre y salió a la calle a vender sándwiches. Fue un éxito total, hasta que el Estado mató el proyecto con multas impagables.

En el año 2015 tenía sólo 10 dólares en el bolsillo, se encontraba endeudado y no tenía nada para comer. Tres años más tarde ya era dueño de una empresa que contaba con 30 empleados y vendía más de 3.000 sándwiches diarios en las calles de Santiago de chile.

¿Cómo lo logró?

El protagonista de esta historia es Matías Leiva, un chileno que nació en La Ligua en 1982. A sus 17 años viajo a Santiago de Chile para formarse como cura. Luego de cuatros años en el seminario, decidió que eso no era lo que quería hacer con su vida. A los 21 años se vio obligado a buscar su sustento diario en diferentes empleos. Fue profesor, y trabajó en diferentes empresas de transporte por salarios que no superaban los $800 dólares al mes.

Un día en octubre del 2015, luego de recibir el pago por su trabajo en una empresa de comercio exterior y tras pagar las cuotas de sus deudas, a Matías le quedaron $10 dólares en su bolsillo. Era apenas la mitad del mes y no sabía cómo podría subsistir hasta recibir su siguiente pago. Desesperado por la situación, lo primero que se le ocurrió fue ir al supermercado y adquirir algunos ingredientes para realizar emparedados y venderlos en la calle.

Con los ingredientes comprados, elaboró un total de 12 sándwiches de jamón y queso que salió a vender a la calle lleno de vergüenza y nervios a la mañana siguiente. Para su fortuna, logró venderlos todos antes de las 9 de la mañana, hora a la que entraba a trabajar. Al finalizar su jornada laboral, adquirió nuevos ingredientes y salió al día siguiente junto a su mejor amigo a vender 18 sándwiches.

En el trayecto observaba el comportamiento de las personas y sus competidores directos. Matías sabía que, para que su negocio tuviera éxito, debía destacarse de los otros vendedores ambulantes. Ese día vendieron todos los emparedados y, junto con su amigo, que más adelante se convirtió en socio de la empresa, comenzaron a diseñar sus primeros dos productos. A la mañana siguiente, aumento la cantidad de sándwiches a 20 unidades y los vendieron todos en unas pocas horas. Así, fueron repitiendo la formula día tras día. Al poco tiempo, las ventas ya superaban las 50 unidades diarias. A los tres meses tuvieron que contratar a su primer ayudante. Poco a poco, el negocio iba tomando forma. Matías decidió nombrar su empresa “La Insolencia”, porque, según sus propias palabras, “hay que ser insolentes ante la vida, actuar sin pena ni miedo, para poder encontrar la felicidad y disfrutar día a día”. Mira aquí la historia completa.

"Lo quebraron"

En conversación con Pedro Carcuro, Matías explicó cómo resurge hoy, ya que de haber creado la popular marca en la capital, siendo entrevistado por la televisión y medios extranjeros por su ocurrente idea, hoy está solo vendiendo sus productos como todo ambulante, tratando de que no lo pillen. Eso sí, realiza charlas a emprendedores por todo Chile.

Fuiste construyendo una empresa que fue creciendo hasta vender 3 mil sándwich al día.

– Llegamos a ser un equipo de 30 personas. Pasó un año y medio y llamó un día La Tercera y dijo que llamó un grupo de gente diciendo por qué no cubríamos tu historia. Les dije vengan a ver la producción y al otro día me acompañan a vender a la calle. Y cuando lanzaron ese video después de dos meses, me invitaron ese mismo día del Bienvenidos, TVN, medios internacionales que me llamaban para contar esa historia tan interesante que había comenzado con nada. Y ese mismo día que fui al Bienvenidos, me invitaron de la Municipalidad a una reunión. Era primera vez que entraba formalmente. Y el alcalde Felipe Alessandri me dice “estamos en problemas”. Claramente, yo por ser tan insolente y salir así a la calle, y ustedes que me permitieron vender sin cuestionar nada. Yo tenía canastos afuera del palacio de La Moneda, por Huérfanos, por Ahumada.

¿Y qué pasó tras esa reunión?

– Sé que estábamos en problemas, pero yo quería salir de esa situación. Habíamos constituido una sociedad con Sebastián, una SPA, habíamos contratado, pagábamos imposiciones con los chiquillos, habíamos dado pasos importantes para poder pensar en proyectar una cosa distinta. Y el alcalde me dijo que sí, que teníamos que postular para tener permisos de ambulante, pero no estábamos a tiempo. había mil personas antes que no estaban contratadas, que no tenían estudios quizá, que eran más vulnerable. Ahí comienzan los problemas.

¿Y ahí empiezan los partes?

– Ahí comienzan a llegar todos los días carabineros a buscarnos. Nosotros siempre vendimos en un horario. Yo no entendía que estaba mal, sino que podía ser formal, que se entendía bien y que podíamos dar un paso importante. Tuve que hacer lo que tenía que hacer. Pasaba que me venían a buscar seis carabineros y me llevaban y yo tenía que ir no más y me llevaban caminando por el centro. Me iba rotando por distintos puntos porque le preguntaban a los chicos dónde estaba yo, porque me venían a buscar a mí exclusivamente.

Matías, ¿y cuántos partes se acumularon?

– Hasta que cerré La Insolencia en agosto del año pasado, llegamos a sumar en total más de $100 millones en partes. A nosotros nos quitaron más de mil canastos, mil pisitos, muchas cosas…

Te quebraron.

– Sí, nos quebraron completamente.

Fuente: Jóvenes Líderes tv, Radio agricultura, negocios y emprendimiento.

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