Los tres grandes arrepentimientos de las personas antes de morir

Curiosidades El viernes Por Editor
Los detalles fueron revelados por la enfermera y antigua monja budista Tanzin Kyosaki

La enfermera y antigua monja budista Tanzin Kyosaki ha estado 13 años apoyando a centenares de personas en sus últimos días de vida. Ahora ha escrito un libro en el que recoge las confesiones de los enfermos del hospital donde trabajó. De todo aquello que muchos habrían podido hacer pero prefirieron seguir adelante sin cumplirlo. Según la autora, estos son los tres grandes arrepentimientos de las personas antes de morir.

1. “No he vivido la vida que soñé”
Las personas van dejando las cosas para más adelante y acaban por no hacerlas nunca. Para otros, estos arrepentimientos del tipo y si..., giran en torno a no haberse decidido nunca a emprender un proyecto. Kyosaki aconseja a la gente que se detenga y piense si realmente está dejando de lado sus sueños. Y si es así, que den un giro a su vida y los persigan.

2. “No he compartido todo el amor que tenía”
Muchos pacientes en los últimos días de su vida sienten una inmensa frustración por no haber podido mostrar todo lo que tenían en su corazón ni haber dicho todo lo que tenían que decir a sus seres queridos. Kyosaki explica que no se debe vivir una vida dando la espalda a los otros ni dejando de expresar lo que uno siente por una cuestión de vergüenza o de orgullo. “Encuentra maneras de decir te quiero y de expresar tu amor cada día”, afirma.

3. “No perdoné”
Las heridas que no se cerraron nunca y las cuentas pendientes salen a la superficie, después de años sellando este capítulo que tanto costaba de reabrir. Aquí es donde Kyosaki reproduce una frase de Buda: "Encallarse en la rabia y el odio es como aguantar una brasa en la boca esperando a poder escupírsela a alguien. Quién se quema eres tú". Aquí la autora recomienda hacer un ejercicio: imagina que te queda un año de vida. ¿A quién llamarías? ¿Qué harías y dirías para quedar en paz? Pues hazlo ahora. No sabes nunca cuándo te puede llegar la hora.

Fuente: La Vanguardia 

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