Para qué sirven los sueños, de qué están “hechos” y cuál es la verdad de su valor predictivo

General 23 de agosto de 2021 Por Editor
En una entrevista con Infobae, el neurocientífico especialista en sueños Sidarta Ribeiro, autor de “El oráculo de la noche”, responde las preguntas más intrigantes sobre uno de los grandes enigmas de la humanidad. Por Martina Putruele para Infobae

Cuando el ser humano cierra los ojos por la noche, todo un universo de neuronas se activa para transportarlo a otros mundos. A veces es familiar y a veces no. Hay personas que conoce, mientras que otras resultan extrañas, y hay quienes se muestran en la piel de alguien en particular pero el soñador sabe que en realidad es otro. Hay lugares conocidos o fantásticos, situaciones cotidianas que se entremezclan con lo imposible. Hay símbolos, hay persecuciones y caídas. Hay dientes que se caen uno por uno y gente desnuda. Al despertar, a veces se recuerda, pero otras no.

“Los sueños son narrativas subjetivas, muchas veces fragmentadas y compuestas de elementos –seres, cosas y lugares– que interactúan con una autorrepresentación de la persona que sueña, que por norma general solo observa el despliegue de una trama”, escribe Sidarta Ribeiro, neurocientífico brasileño especialista en sueños, en su libro más reciente, El oráculo de la noche.

Ribeiro es licenciado en Biología, magíster en Biofísica y doctor en Comportamiento Animal por la Universidad Rockefeller, con estudios posdoctorales en Neurofisiología en la Universidad Duke. Autor de más de cien artículos científicos y cinco libros, es también profesor de neurociencia y vicedirector del Instituto del Cerebro de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, Brasil.

En esta obra, basándose en lo último de la biología molecular, la neurofisiología y la medicina, Ribeiro indaga y explica qué ocurre en el cerebro cuando soñamos, y por qué lo hacemos. Con este fin se adentra en un recorrido histórico y cultural para poder comprender el modo en el que las distintas civilizaciones han interpretado los mensajes que nuestra mente nos lanza desde las profundidades de la conciencia.

En una entrevista con Infobae, Sidarta Ribeiro cuenta por qué soñamos, para qué sirve e incluso cómo podemos entrenarnos para recordar los sueños.

-En el campo de la neurociencia, ¿el estudio de los sueños es aceptado? ¿O es considerado por algunos como una pseudo ciencia?

-El estudio de los sueños estuvo pasado de moda en la ciencia en las últimas décadas del siglo XX, pero en los últimos 20 años se ha reanudado con fuerza y es hoy una de las áreas de investigación más candentes en neurociencia y psicología experimental.

-¿Para qué sirve soñar?

-Los sueños son la expresión más compleja y sofisticada de una maquinaria neurobiológica de adaptación al medio, basada en la selección, construcción y reconstrucción de recuerdos. Esta proyección nos permite cada noche olvidar los innumerables recuerdos irrelevantes, preservar los recuerdos importantes y mezclar recuerdos específicos para crear nuevas ideas y comportamientos. Los sueños también son cruciales en la regulación emocional, ya que permiten mitigar los efectos de las experiencias adversas. En palabras de Carl Jung: “El sueño prepara al soñador para el día siguiente”.

-¿De qué están “hechos” nuestros sueños?

-Nuestros sueños se componen de la reactivación y recombinación de recuerdos latentes, un proceso que tiene cierto grado de ruido o aleatoriedad pero que está guiado por los deseos y anti-deseos (miedos) del soñador. Como nos explicó Sigmund Freud hace 120 años, los sueños incluyen “restos diurnos”, fragmentos de experiencias de vigilia, pero son impulsados por el deseo.

-¿Por qué muchas personas no recuerdan sus sueños?

-Muchas personas tienen la sensación de que no sueñan porque no recuerdan la actividad del sueño cuando se despiertan. Esto se debe, en primer lugar, a la casi total irrelevancia de los sueños en el mundo urbano contemporáneo. No solemos hablar de sueños con nuestra familia y compañeros de trabajo o de estudio, y cuando se le pregunta a alguien cuál es su sueño, es común que la respuesta sea solo la adquisición de algún bien de consumo. Sin embargo, soñar es tan natural como respirar o comer. Basta “dar mucha bola” a los sueños para que surjan del inconsciente con bastante fuerza.

-¿Cómo podemos entrenarnos para recordarlos?

-Es muy útil hacer una autosugestión, antes de irse a dormir, diciéndose: soñaré, recordaré y reportaré. El arte de recordar los sueños comienza con la producción matutina de un libro de sueños: un diario de sueños. Durante el sueño REM, que ocupa la segunda mitad de la noche y coincide con las imágenes del sueño más vívidas, la liberación del neurotransmisor norepinefrina está prácticamente abolida. La norepinefrina es muy importante para la memoria y su ausencia al despertar hace que las imágenes de los sueños sean muy tenues. Cuando una persona se despierta y se levanta rápidamente para desayunar o ir al baño, la norepinefrina que comienza a liberarse refuerza los recuerdos de estas actividades y, por lo tanto, se pierde la posibilidad de recordar el sueño. Por eso es importante permanecer quieto en la cama cuando se despierta para que los recuerdos de los sueños puedan aflorar a la medida en que se libera la norepinefrina. Entonces es posible producir un relato del sueño, tirando de los recuerdos asociados entre sí como una madeja.

-¿Qué es el sueño lúcido? ¿Todos podemos tenerlos?

-El sueño lúcido es cuando somos conscientes de que estamos viviendo un sueño y podemos controlarlo parcial o totalmente, de forma activa en lugar de pasiva. Este tipo de sueño se ha practicado durante milenios en varias tradiciones orientales, como el yoga nidra hindú y el yoga milam tibetano, pero también entre los pueblos originarios que nunca han abandonado el arte de soñar, como los indígenas americanos y los aborígenes australianos.

-¿Por qué los sueños de persecución están entre los más comunes?

-La dicotomía presa versus depredador gobierna toda la vida animal y es por eso que las tramas de persecución son tan frecuentes. Los sueños probablemente evolucionaron en el linaje de los mamíferos durante 220 millones de años como un proceso neurobiológico que reactiva los recuerdos para simular futuros posibles, dando lugar a lo que yo llamo el “oráculo probabilístico”: basado en ayer, ¿cómo será el mañana? Este oráculo se ocupa de la supervivencia del individuo frente a los tres imperativos darwinianos: matar a un ser vivo para comer, no morir y procrear.

-¿Cree que, como pensaban muchas civilizaciones antiguas, podemos interpretar nuestros sueños para predecir acontecimientos futuros?

-Por supuesto, pero no como un oráculo determinista que sabe exactamente lo que sucederá, sino como un oráculo probabilístico que busca a tientas el futuro basándose en la mejor posibilidad de que algo suceda. Por lo general, esto no es obvio para las personas que viven en el mundo urbano contemporáneo, ya que sus experiencias tienden a estar muy alejadas de los imperativos darwinianos de tres grandes problemas: matar, no morir y procrear. En lugar de deseos fuertes y simples, estamos inmersos en una multiplicidad de pequeños deseos, pequeños problemas y pequeñas necesidades que hacen que los sueños se conviertan en un mosaico de difícil interpretación. Sin embargo, cuando nuestra vida está dominada por eventos sumamente adversos, como la pérdida de familiares, una enfermedad grave o la pérdida del trabajo, el oráculo probabilístico se revela en toda su fuerza, asemejándose a los emocionales e impactantes sueños que marcaron nuestra salida de las cuevas hasta el final, el mundo de Internet y los viajes espaciales.

-¿A través de los sueños podemos darnos cuenta de cosas que pasaron a nuestro alrededor pero de las que no fuimos conscientes en el momento?

-¡Ciertamente! Los sueños son una gran síntesis de lo que nos está sucediendo en un momento dado, incluida la información que está por debajo del nivel de conciencia durante la vigilia pero que aflora durante los sueños como imágenes directas o alegóricas.

-¿Cómo afectó la pandemia a nuestros sueños?

-La pandemia ha colectivizado el miedo a la muerte, provocando que la mayoría de las personas experimenten insomnio, sueño fragmentado y pesadillas relacionadas con el contagio. Por otro lado, para quienes contaban con las condiciones materiales e intelectuales para realizar la cuarentena y tomar las medidas sanitarias necesarias, se presentó la oportunidad de un redescubrimiento con un sueño de calidad, con un aumento en el total de horas dormidas y un reencuentro con las emocionantes imágenes de los sueños.

-¿Cuál es el gran misterio que todavía permanece sobre el mundo de los sueños?

-Durante milenios, nuestros antepasados utilizaron los sueños para ponerse en contacto con antepasados fallecidos, deificados o no. La ciencia del siglo XX consideró toda esta superstición, pero en las últimas dos décadas los investigadores han comenzado a encontrar evidencia de que nuestras mentes están habitadas por muchas otras criaturas además del “yo soñador”. Tales criaturas, llamadas “Imago” por Jung, son complejos de memoria que emergen del inconsciente durante los sueños con un alto grado de autonomía. Viven en nosotros, pero no se confunden con el “yo soñador”. Las experiencias con esta fauna del interior fueron cruciales a lo largo de la evolución de la especie y hoy representan una frontera intrigante del conocimiento neurobiológico.

Fuente: Infobae

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