Ese joven era Boyan Slat, nacido el 27 de julio de 1994 en los Países Bajos. Lo que comenzó como un proyecto escolar terminó transformándose en una organización internacional con cientos de empleados y tecnologías capaces de retirar miles de toneladas de plástico del mar.
Mientras millones de personas siguen deslizando perfiles en aplicaciones de citas, una nueva generación de emprendedores cree que el modelo está agotado. Su propuesta es radical: menos pantallas, más inteligencia artificial… y muchas más conversaciones reales.
Mientras estaba en clase de historia, Macinley Butson vio cómo las armaduras medievales se superponían para proteger sin perder movimiento. Pensó: ¿Y si usamos esto contra la radiación?
Con apenas 18 años, Carla Acosta García obtuvo un promedio perfecto, fue seleccionada por el prestigioso cardiólogo Valentín Fuster para un exclusivo programa de formación y ahora estudiará Biomedicina en el Karolinska Institutet, la institución vinculada al comité que otorga el Premio Nobel de Medicina. Su historia es un ejemplo de cómo el talento, la disciplina y la perseverancia pueden abrir las puertas de la excelencia científica.
La historia de Roy Allela demuestra que las innovaciones más transformadoras no siempre nacen en un laboratorio: a veces comienzan con una conversación imposible dentro de una familia.
El joven mozambiqueño Cleiton Michaque sueña con resolver uno de los mayores problemas de África: hacer llegar ayuda a comunidades aisladas utilizando tecnología construida con componentes accesibles.
Desde una escuela rural de los Valles Calchaquíes, 15 estudiantes desarrollaron "REFUGIO", una plataforma gratuita que ofrece acompañamiento emocional, ejercicios para gestionar la ansiedad y acceso inmediato a líneas de ayuda. Un ejemplo de cómo la tecnología puede ponerse al servicio de la empatía.
Con apenas 17 años, Edward Kang desarrolló una herramienta de inteligencia artificial que analiza imágenes de la retina para identificar patrones asociados con el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Su proyecto le valió el segundo puesto en uno de los concursos científicos para estudiantes más prestigiosos de Estados Unidos y un premio de 175.000 dólares.