Cuando mis hijos tengan mi edad: consejos para administrar el dinero y otros recursos propios

General 18 de noviembre de 2021 Por Editor
Quiero contarles que para mí es un honor compartir este espacio con ustedes.

Esta vez tengo la ambición de hacerlos pensar en oportunidades de desarrollo que mejoren la calidad de vida de nuestros hijos. Por eso, los invito a este nuevo desafío, al que llamaremos: “Cuando mis hijos tengan mi edad.”

Shaquille O’Neal es una de las estrellas más grandes que ha tenido la NBA y ahora es muy exitoso también como empresario (se estima que tiene una fortuna cercana a los 400 millones de dólares). Recientemente emitió polémicas declaraciones sobre cómo administra sus finanzas con sus hijos.

“Mis hijos son mayores ahora y están un poco enojados conmigo porque les digo todo el tiempo: no somos ricos, yo soy rico”, contó. “Deben hacer su camino y si quieren que invierta en alguno de sus negocios, no les quedará otra opción que hacer un gran esfuerzo. Tienen que demostrar que vale la pena invertir mi dinero en su proyecto o desarrollo personal. Por mérito y no por lastima”, agregó.

Como en lo personal ni mis hijos ni yo tenemos mucho dinero, el objetivo de esta columna es pensar juntos cómo será el mundo cuando ellos tengan mi edad, ya que solo se tendrán que conformar con algunos consejos.

Piensen ustedes que hace 30 años no había celulares. Y hoy hago mis pagos, mis operaciones financieras, tengo mi música, mi billetera, mi agenda, mis apuntes, mis conexiones, todo en mi teléfono celular.

Hace 20 años no existía Google; hoy no me imagino obtener información rápida sin consultarle.

Hace 12 años no existía WhatsApp; hoy no me imagino otra manera de hablar con toda mi familia o mi grupo de trabajo a la vez.

Hace 11 años no existían las criptomonedas, mientras que hoy Bitcoin circula más que el yen. La tecnología blockchain hace posible la descentralización de la información y nos obliga a reestructurar varias profesiones centenarias.

Por eso, es importante preguntarnos qué está naciendo hoy y qué será un gran negocio cuando mis hijos tengan mi edad.

En distintas columnas de este espacio que compartiremos cada dos semanas, nos vamos a ocupar del biohacking, del silicio y de los entretenimientos como generadores de negocios, por ejemplo. Pero esta semana empezamos con algunos consejos generales.

El inigualable Hernán Casciari escribió un cuento espléndido que me ayuda a enmarcar la nota. Se llama No me importa el fútbol. Allí describe su relación y aprendizaje con su padre por medio del fútbol.

“Si escuchás un apellido Sosa, es que está jugando un equipo uruguayo”. “Si hay un Rincón, es un equipo colombiano”. “Si ves más de dos jugadores con mucha panza, se trata de un partido homenaje. Si en el mismo equipo hay dos hermanos mellizos, es un encuentro de la liga holandesa. Si durante el partido entra un hombre desnudo corriendo a la cancha, es que hay más de tres jugadores que valen más de diez millones de dólares, pero si el que entra es un perro o un gato, es un partido del ascenso”.

Ya que no tengo el dinero, ni el éxito de O’Neal, voy a usar la misma analogía que el cuento de Casciari, y me gustaría que mis hijos nunca olviden lo siguiente:

1. Como dice siempre Pedro, el gaucho de la City y un gran consejero: “Ahorren en la moneda de los países a los que se irían a vivir”. ¿Acaso vieron a algún político anticapitalista que ahorre en rublos?, ¿vieron alguna declaración jurada de nuestros dirigentes en yuanes en sus cajas de ahorros?

2. Decía Milton Friedman: “Nadie gasta el dinero de otro con el mismo cuidado que gasta el suyo. Nadie utiliza los recursos ajenos con el mismo cuidado que utiliza los propios”. Moraleja: Si quieren ser eficientes en el uso de sus recursos tienen que saber administrarlos ustedes mismos.

3. En mi querida Mar del Plata aprendés de chico que si vas a surfear una ola nunca debes apurarte. Si te anticipás demasiado, vas a perder el impulso. Pero tampoco llegues tarde, porque la caída dura más de lo que se disfruta la cresta de la ola. Cuando ya tiene forma, cuando ya comenzó, es el mejor momento.

4. La vida es una constante elección: lamentablemente no nos dan la posibilidad de elegir entre algo bueno y algo malo, ya que así sería refácil la vida, elegiríamos lo bueno y listo. La vida nos lleva a optar entre dos cosas malas, o dos cosas buenas, y tendremos que saber descartar una.

5. Intenten no ser nunca proveedores o dependientes del Estado. Todos quieren vivir a expensas del Estado, olvidando que el Estado vive a expensas de todos.

Es más, no confíen en las personas que son juez y parte. Tengan siempre presente un ejemplo que encontré en la red (ya que hablamos de fútbol): “Supongamos que en un partido el árbitro, cansado de que el equipo A no consiga un resultado favorable, intercepta el balón y lo dispara hacia el arco de B para marcar un gol a favor de A, y luego, como consecuencia de ello, A se corona campeón”. ¿Estarían de acuerdo con esta acción? Lo dudo; entonces, no toleren esa arbitrariedad por parte del Estado.

El Estado, porque fija las reglas, tiene la capacidad de inclinar la balanza de un lado a otro, de forma subjetiva y desproporcionada. En el ejemplo, si el árbitro asume también el papel de jugador en la economía, el principio de equidad y competencia se desvirtúa por completo, el resto de los jugadores –la sociedad– se desmotiva, ya que para ganar no basta con tener más talento, practicar y trabajar más, sino que solo hace falta tener el favor del árbitro. Esto inmediatamente empieza a destruir la competitividad, el esfuerzo y la eficacia, y cuando estos valores se desvirtúan, el juego se corrompe y su nivel se desploma. Por eso, nunca jueguen partidos donde el árbitro sea juez y parte.

6. Mi generación siempre intentó ser propietaria (casa, auto, empresa) y en muchos casos quedamos rehenes fiscales de esos activos. Las nuevas generaciones van por la vida siendo usuarios del sistema (Airbnb, Uber, economías colaborativas, Spotify, donde gana más los CEO que los dueños). Siempre tengan en cuenta que se viaja más fácil y libremente con mochilas livianas.

Claudio Zuchovicki para La Nación

Editor

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